lunes, 1 de febrero de 1999

La gracia del relámpago y el fuego (El azar de los hechos, de Cosme Álvarez)

El azar de los hechos
de Cosme Álvarez
Fondo de Cultura Económica
Premio Nacional de Poesía Gilberto Owen
México. 1998. 88 pp.


por Mauricio Carrera

En la poesía de Cosme Álvarez la luz no se ve, se escucha. Escribe: "el sonido de la tierra es infinito/ y el corazón un instrumento para oír/ la luz de esas hogueras". En El azar de los hechos, el sol ilumina con desgano el mundo. Es una presencia cansada, casi ausente. Los rincones están en sombras, los ojos cerrados, los ademanes son grises, los árboles obscuros, la luz del día es como una "negra cascada" que se derrama en el campo.

Algo hay de lunar, atardecer e invierno en esta poesía. También de lluvia, cuyas nubes obscurecen el día. No falta el deseo y la carne, y sin embargo se da en "certidumbres de gozo negro", en "negros simulacros de caricias". Las sombras reinan, como en el panteón de Nabogame: "siempreoscuro de falaces conjeturas". El negro convivir de los muertos, de los vivos, de los poetas.

En un mundo así no son los ojos los que importan: es el corazón. Ahí la luna brilla. Ahí el amor se da en la medialuz "de los rincones propicios/ a la oscura iniciación de los amantes". El Amor ­y es el autor quien lo escribe en mayúsculas­ también es como el panteón de Nabogame, siempreoscuro pero nuevo. Ahí en el corazón es que se hacen los malabares para caminar, vivir, amar entre las sombras. Malabares para no morir y para que la luz cruce los "labios anclados".

Como en el poema "El cántaro de fuego", el corazón es la llama que ilumina. En ese universo nocturnal y crepuscular tan cercano a la muerte, a lo que termina, el poeta enciende la fogata que da luz y, al hacerlo, muestra el camino a la vida, a la pasión, a la poesía. Aunque obscura, sombría, la visión ­el oído­ de Cosme Álvarez no es negativa. Hay un toque vital que no destila entusiasmo sino mesura. Así es la vida. No hay ingenuidad, tampoco dioses. Las ilusiones duelen y corrompen. El mundo no es lo que se ve ­porque está en sombras­ sino lo que se siente, se intuye, se ama, en ese páramo lluvioso, fatigado, invernal.

Poeta que reacciona contra los seres humanos que "hoy se envuelven en el hábito del día" o en "el negro espíritu contemporáneo", en el autor hay una furia de olas que busca llegar a la otra orilla, a través de la noche que impera. Hace suya la consigna de Rilke: "Intenta decir, como si fueras el primer hombre". Lo hace, para encontrar "la voz que ya no suena detrás de la máscara" y para "vivir las últimas cosas que nos quedan". Intenta "decirlo todo de nuevo,/ como en el sueño que no vivimos en la sombra".

Ya desde su primer poemario el título avizoraba el tema, las obsesiones: Sombra subterránea (1992). Este libro fue publicado bajo el seudónimo de Cosme Almada, como si el autor hubiera decidido permanecer también fuera de la luz, alejado de la superficie. Con El azar de los hechos -­que ganó el concurso Gilberto Owen en 1997-­ el poeta pronuncia su nombre y sale de entre el sol fatigado y las sombras para querer decirlo todo de nuevo e iluminar con sus poemas lo que ha descubierto: "es menos doloroso vivir con la gracia del relámpago y el fuego".

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Cosme Álvarez

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