Por Evodio Escalante
(poeta, académico y ensayista mexicano)
LAS BUSCADORASHay madres rascando tierra.Cecilia Patricia FloresBriznas de luz que duelen en el almaY pespuntes con hilos de cenizaQue atan la piel al suelo más inhóspito.Olas de polvo y piedras y raícesQue se entremeten en los dedos durosCon llagas de escarbar el monte yermoDe un indicio en la busca, de una huella.El azadón, la pala y el barrenoNos son imprescindibles como el aireQue los pulmones jalan presurosos.Unas cavamos mientras otras tiranLos montones de tierra y otras másLlevan en carretilla los pedruscos.Somos hijas del polvo, el padre polvo,Que nos pega en la cara y nos sofoca.En fosas clandestinas dispusieronY ocultaron los cuerpos ateridos;Puede ser que en pedazos nos sorprendan:No importa, los juntamos, son los cuerposDe los hijos, los primos, los esposos.Zopilotes en ráfagas se ciernenSobre nuestras cabezas angustiadas,Mas luego se disipan con el vientoY nos heredan sólo sus graznidos.Ellos también se burlan, pero entienden;Ellos entienden, pienso, y me sonrío.Rebuscamos en fosas arduo sueñoQue en forma de cadáveres alientaNuestro coraje de seguir, pegadasA la correa de un potro desbocadoQue a barrancos y montes se encamina.El corazón de los políticos engordaCada vez que se anuncia una matanza.Tiembla el país y permanece incólume:No pasa nada y todo igual persiste.A mí misma me digo, boca adentro:“No desistas, si rejega o insomne,Sigue en busca de huesos extraviadosFirme, de pie, que no muera el empuje.Empuña ese buril que traes al cintoY escudriña en el vientre de la piedraQue finge estolidez y nada diceMuda de algún secreto impronunciable:¡La única testigo en este páramo…!”
SALMO 56Porque has librado mi alma de la muerte.Salmo 56, 13El mundo me persigue con saña, y a ratos me consiente.Temerosa y falible, huyo de la ciudad y evito los suburbios.Que Tiro me perdone, yo ya no estoy ahí.Salgo encubierta para evitar que me descubran y hagan dañoLos que te tienen furia y no soportan que musite tu nombre.Tus enemigos no dan tregua. ¿Qué has hecho para que te odien de este modo?¿Para elevar como una levadura su muina?La tempestad me sorprende bajo los riscos de la sierraY luego viene la calma y otra vez el cielo parece iluminarseCon la luz que Tu hiciste, Señor.Retorna a mí, entonces, por momentos, una tranquilidad desconocida.Shalom. Shalom. Todavía recuerdo esta palabra.En redomas de vidrio coleccionas mi llanto,En nichos de cristal, lo que era mi alegría.SALMO 57Hoyo han cavado delante de mí; en medio de él han caído ellos mismos.Salmo 57, 6Exhausta de mi exilio de mil añosEn extranjeras tierras sobrevivoEn acoso perpetuo y amenazas.Donde quiera que voy, un círculo de leones me rodeaCon colmillos y garras, y los hijos del hombre,Todos ellos fornidos, transformados en bestiasVomitan odio y fuego por sus bocasY con lenguas de hierro me persiguenIntentando matarme.Trampas para atrapar a un osoHan dispuesto en las calles y las encrucijadas.Los pobres no se enteran que esas trampasEstán hechas a su exacta medida, y que ahíRecaerán muy tarde o muy pronto con sus huesos.Alabados sean tus designios.Tú me sigues salvando, Señor, en medio de mi angustia,En medio de insomnes correrías.Tú tomas mi corazón y lo trastornasEn chispa perdurable.
(Resguarda estas palabras —y repítelas)


No hay comentarios:
Publicar un comentario