domingo, 1 de noviembre de 2026

Siete poemas

por Jorge Valdés Díaz-Vélez
(poeta mexicano)










EXPRESO DE MEDIANOCHE

Dentro del sueño pasa un tren,
y en sus ventanas campos, ríos,
álamos, puentes y caballos
se alejan para siempre. Un niño
observa el viaje de las cosas
hacia el pasado en que se fugan 
los colores. Mira también
sus ojos en el vidrio, el vaho
de su respiración. Vislumbra
sombras, reflejos de su padre
con un libro en las manos. Duerme,
y en el cristal también se borran
sus leves párpados cerrados.
Veo a mi hijo en ese niño
que me contempla desde el vidrio,
miro a mi padre al ras del sueño
contra el temblor de la ventana.
Él no me ve. No puede oírme.
He nacido una vez, y muchas
otras he muerto en ese tren
que se detiene solo al alba.



CANTO DEL ALBA

Un firmamento sin fracturas
izó un lucero sobre el monte.

Ondea en silencio, iluminando
el breve asombro de estar vivo,
no el cielo roto, sino el sueño,

no la palabra, sino el signo,
no la nostalgia, sino el verbo,
no la orfandad, sino su origen.

La noche acorta las distancias.
No el ruiseñor, sino el latido.



NADIE

Volví a Ítaca, a sus médanos
de bruma evanescente, al sol
que la traspasa y a las calles
que mi memoria soñó hermosas.
Degusté el sexo de los higos,
la pulpa de un dátil, el cálido
resplandecer de la aceituna.
Fui un extranjero entre los míos.
Nadie advirtió que tras la máscara
tallada por la espuma, iba
yo, el heroico (ese mendigo
sin sombra que salió una noche
de lágrimas al mar) Ulises,
el pródigo en historias vuelto
del más allá de su leyenda.
Antes que el alba, regresé
a la costa y enfilé al sur.
No reconoceré los muelles 
a donde vaya mi deliro.
Sólo sabré que estuve en Ítaca
para reinar sobre mi espectro.



ISHMAR

La manera de peinarte desnuda
ante el espejo húmedo del baño,
de apresar en la palma tu cabello
para escurrir el agua y agacharte
en medio de palabras que no entiendo;
el acto de secar tu piel, la forma
de sentir con las yemas una arruga
que ayer no estaba, o de pasar la toalla
por la pátina oscura de tu pubis;
el modo de mirarte a ti contigo
tan cerca y tan lejana, concentrada
en una intimidad que a mí me excluye,
son gestos cotidianos de sorpresa,
ritos que desconozco al observar
las mismas ceremonias que renuevas
al calor de tu cuerpo y que dividen
un segundo en partículas: espacios
donde la vida expresa su sentido
posible y que se afirman al peinarte
desnuda en las mañanas, como un fruto
que yo contemplo por primera vez.



DE QUÉ

                                 Tu imagen está en mis ojos 
                                                       y en mi boca tu nombre.
                                                                               Ibn Arabi

De qué sirve la noche sin tus ojos
disueltos en la sombra, sin tu espalda
a la orilla del tacto, sin tu boca
pronunciando el azogue del espejo;
de qué sirve aguardar a que aparezcan
las bóvedas del cielo, el mar lejano
del término añoranza y el principio
del deseo; de qué sirve pensar,
soñar lo que sería si estuvieras
aquí, sobre la hondura de tus huellas
que iban tras el delirio en que volvías
a ser la vastedad que me traspasa;
de qué sirve el temblor de esta palabra 
si no levanta el vuelo de tus manos,
si el aroma del río, si el murmullo.
De qué me sirve saberme sin ti.



LAS PIEZAS DENTADAS

Un manojo de llaves, de repente
en un cajón, entre fotos antiguas
y un desorden de notas y papeles.
Ahí han permanecido, inadvertidas
y ajenas a las puertas que me abrieron.
No sé a qué cerraduras corresponden,
a qué casa o país daban acceso.
Aún preservan brillos de la inútil 
memoria que cerraron para siempre.



POLAROID
Para Eugenio Montejo

Son siete contra el muro, de pie, y uno sentado.
Apenas si conservan los rasgos desleídos
por los años. Las caras resisten su desgaste,
aunque ya no posean los nítidos colores
que ayer las distinguieron. Entre libros y copas,
las miradas sonrientes, las manos enlazadas
celebrando la vida de plata y gelatina
se borran en el sepia de su joven promesa.
Por detrás de la foto están escritos la fecha,
los nombres y el lugar de aquel encuentro. Fuimos
a presentar el libro de uno de los amigos
que aparece en la polaroid viendo hacia el vacío.
Después se hizo la fiesta y más tarde el accidente
nos llevó al cementerio. Dijimos en voz alta
sus poemas. Los siete contra el muro, de pie,
uno leía. Todos aún lo recordamos
y casi por costumbre le voy a visitar
con girasoles. Todos hemos envejecido
menos él, ahí en la vista fija. Nos mira
desde sus 20 años, que son los de su ausencia,
con ojos infinitos de frente hacia la cámara,
llevándose un verano tras otro, aunque comience
a degradar su tono naranja sobre el duro
cartón de la fotografía.


Jorge Valdés Díaz-Vélez
(Torreón, Coahuila, México, septiembre de 1955). Es autor de más de veinte libros de poesía publicados en México, España, Italia y el Reino Unido. Los más recientes: Soledad en llamas (Torreón, Instituto Municipal de Cultura y Educación, 2022); Los ojos del caballo (Valencia, Pre-Textos, 2024), Liquid Sand /Arena líquida (—edición bilingüe español-inglés—, Londres, Shearsman Books, 2025). Entre otros reconocimientos le han otorgado el Premio Latinoamericano Plural (1985), el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes-Instituto Nacional de Be-llas Artes (1998), el Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández-Comunidad Valenciana (2007) y el Premio Ibero-americano de Poesía Hermanos Machado (2011). Está incluido en numerosas antologías de poesía mexicana e iberoamerica-na publicadas en México y en otros países de América Latina, Europa y el norte de África. Parte de su obra ha sido tradu-cida al árabe, francés, griego, italiano, portugués, neerlandés, rumano e inglés.

Fundó y dirigió la Casa de Cultura de Saltillo, Coahuila. Co-mo diplomático de carrera fue jefe de misión adjunto en las embajadas de su país en Marruecos y Trinidad y Tobago, cón-sul alterno en Miami, Florida, Estados Unidos de América, director del Centro Cultural de México en Costa Rica y di-rector del Instituto de México en España, países en los que además se desempeñó como consejero de cooperación. También fue consejero cultural en Argentina y en Cuba, director de Convenios y Programas, y director de Difusión Cultural en la Secretaría de Relaciones Exteriores. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte, miembro distinguido del Seminario de Cultura Mexicana y consejero editorial de varias revistas universitarias.





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