domingo, 1 de febrero de 2026

Poemas de «El pájaro y la piedra»

Por Mariana Bernárdez
(poeta y ensayista mexicana)





Su sombra de pájaro (*)


Y dormía a la espera de que el viento arrebolara mi habla
que inundara con su trueno lo marchito agotando mi mente
que transcribiera esos salmos que no atrevía 
y que llevaban siglos zumbando en mi garganta
y que no ansiaba delatar en mis afanes diarios
en el lecho de sábanas revueltas por la tribulación
o en el canturreo de lo ido
pero yo fracturada
con la voz en astilla vidriosa por no encontrar alzada
por ir tras el murmullo de la anchura que traía la brisa
           a los ciruelos custodiando mi ventana 
pero yo con la visión fija en el cielo
buscando un agujero en su firmamento 
por el que cayera tu historia impar
de aventurados parajes y rutas inéditas
de olor a tabaco negro y catedrales inundadas
pero yo hecha un ovillo bajo el asedio del temor
no tuve el arrojo de arrebatar un puño de tierra
algo
que sanara la pena de no haber arrinconado tu muerte.



Debí contarte de Petra
del desierto 
del cielo en el desierto

Debí mandarte una postal
algo que registrara mis impresiones
contarte del beduino de Wadi Rum 
                                       y su perfil de pájaro
describir las formaciones y la grafía del viento
algo debí decir sobre el tono rojizo del horizonte
de lo inasible agitándose por sus desfiladeros
del silbido sediento de sus moscas
de la añoranza que deslumbra lo atesorado
y la calle polvorienta hasta la desidia 

pero la calima aturdía mis sentidos
y los macizos escarpados
escondían innumerables voces
que eran arenisca en los ojos del badawi
que en un cerrar de los míos 
remontó el vuelo hacia Madaba 
la ciudad de los mosaicos 

Debí haberte llevado conmigo
al frescor de la gruta
donde toqué la retama y su manantial
y probé el té dulcísimo de cardamomo

Debí haberte escrito
cuando vi el cielo recibir la primera estrella
cuando el susurro se llevaba las caricias
porque en el desierto lo único existente 
                      es el insondable silencio
y en sus constelaciones refulge
                       la alianza indócil
                                     de su nombre

No fue así

Y siento deslizarse por mis dedos
                    el interrumpir del tiempo
y en la simpleza de su forma rozo 
la totalidad del valle de la luna
el oleaje de su presencia

Debí escribirte
ahora lo sé
ahora
cuando 
           la lejanía.



Por las aleyas del jazmín
fascina en su quietud
el Huerto de los Olivos

Ay Jerusalén no visitada en Viernes Santo
y la noche escribe en mí lo distante 
provocándome el desconcierto de lo preciso
cuando la santidad de la semana era acompañada
por la quema de la caña en los ingenios azucareros
y la pizca de jitomate bola 
                     que se vendía a pie de carretera

Hay un sosiego que reconoce la desmemoria
Padre jugaba dominó y Madre leía el Time
había una placidez en el aire y refrescaba 
lo sorprendente era que en ese suceder
el futuro podía trozar los amarres de la razón

Hoy viernes no santo
Madre continúa leyendo 
mientras una nube escapa 
                     por el raso de cielo
y me tiendo sobre la grama
acallada por el almizcle de azahares
y el dormitar de ángeles 
bajo las ramas de los olivos.



Sueño con lo íntimo de tu gesto
recoges una pizca de ceniza
y la mezclas con el aceite de la unción
para sellar con su nardo tu boca

yo quisiera saber quién lavó tu cuerpo
                            quién lo rezó
si pusieron monedas sobre tus párpados 
si la semilla debajo de tu lengua
si el escarabajo en el lienzo
con el que cubrieron tu cuerpo

no sé qué consuelo pudiera darme
saber que aún en el umbral
fui la más querida
porque prohibido me fue tocarte
aunque me ofrecieras el hilo
que anuda tu historia a la mía
la que en el desvelo desato
cuando sellas mis labios con tu ceniza.



Debí contarte de los viajes
de mi condición de nómada
de mi necesidad de no tener
para ser ligera y estar presta

había una urgencia
porque lo incierto jugaba
con las cartas marcadas

Te llamaba para avisarte
que nos íbamos
que te mandaría postales
de los lugares que visitara
para que te guardaran compañía
que ya habría ocasión 
               de charlar largamente

Y anduve hasta llegar al mar
a sus peñascos y rías
y fue entonces que el corazón
se me hizo un ramo de fuego
y no pude desatar el nudo
ni acompasar el aliento

el tiempo que no se es
el tiempo que no se vence.



El mundo vuelve a esta piedra
su sereno es el aire
en el que un animal detiene su latido
antes de incendiar las letras de su fuga

un jaspe
una azucena de mar   
un ámbar de jardín milenario
un páramo aromado en el desierto

y sopeso su redondez  al ir hacia la ermita
con la niebla envolviéndote 
absorta en un ruego cuyo sonar
ciñe a la cintura un rumor de fuentes
                    anunciando tu destierro

qué solas han quedado
las leonas
cazando la tormenta

y el guijarro a la entrada de la gruta
y tus pequeños pies impresos en la arcilla
y las manos en marfil y sangre
sobre la pared ennegrecida por las visiones

porque de siempre el requiebre en tu voz
con las hojas de laurel sobre tus sienes
y el incienso de lirios adormeciéndote

porque de siempre la transparencia
los nardos
y el paño sobre mi frente afiebrada
y la sábana empapada de flores
porque todo tálamo es hondura 
y todo umbral un recuerdo 
                     que acompaña tu ascenso
                     hacia una ermita perdida 
                     en la tribulación de tu rezo.



He tenido muchas vidas
pienso 
al despertar con la sensación
de tu mano en la mía 
y con el caracol traído 
desde Galilea

¿cómo saber 
            cuándo será 
                 la última vez
                     de encontrarse?

Hablábamos de esas cosas 
que sólo se dicen entre mujeres
con un tono de medio callar
cuando se pronuncia lo más dentro
un mostrar la herida 
para que al tocar sus bordes 
repicase lo sombrío de su caudal

Y se camina la tarde
una al lado de la otra
en conversación callada
porque se ha andado trecho
y la promesa es contarse
          y asir el viento

Cojeabas un poco porque te dolía la cadera 
así que apoyabas tu cuerpo contra el mío
e íbamos como dicen los portugueses 
de passarinhos

Recuerdo la risa 
la luz del otoño 
el aire un poco frío
y el recuento de las horas
que conservaría en tus libros

—Toma la semilla
ponla debajo de tu lengua
florecerán los pájaros 
          y te habitará un bosque

—¿Y el mar? ¿y el mirlo?

—De antiguo el ángel consoló mis lágrimas
pon la semilla en tu boca
para que espigue en los frescos de tu memoria

No fui a Jerusalén en Viernes Santo
pero subí la Vía Dolorosa
y en la Piedra de la Unción
sus labios sobre los míos 
sellaron la veladura de la gracia

—Te he traído el mar de Galilea
y unos pendientes lusitanos
para que te acompañen
ahí por donde vayas

y me sonríes
y te veo subir la escalera
mientras me despides
con el gesto de tu mano
 
Nos hablamos
Sí 
         nos hablamos

Despierto con un vendaval en la cabeza
y rondan caballos la aurora 
que me devuelven momentos contigo
y busco entre las hojas
el guijarro y el mar de Galilea
y los pongo debajo de tu lengua
para que el levante
no cautive la herida 
que nos separa y anuda
en sombras de pájaros al vuelo.

(*) Algunos poemas de “El pájaro y la piedra”, en Su sombra de pájaro,
libro inédito de próxima aparición en Bonilla Editores.


Mariana Bernárdez (foto © Pascual Borzelli)
Mariana Bernárdez, poeta y ensayista, realizó estudios de maestría y doctorado en Le-tras Modernas y de maestría en Filosofía. Su trayectoria enlaza la creación poética con el ámbito académico y el editorial. Imparte seminarios y cursos sobre “poesía y conoci-miento”. Es una de las voces más singulares de su generación por su concepción meta-fórico-simbólica. Ha sido traducida al inglés, italiano, portugués, catalán, francés, ru-mano, árabe y griego moderno.Cuenta con más de 30 títulos publicados entre poesía y ensayo. Ha sido ganadora del Proyecto Editorial del Instituto Mexiquense de Cultura, en el género de ensayo, en dos ocasiones, en 2005 con La espesura del silencio; y en 2012 con el libro Después de los mares; distinguida con la beca de la Fundación Zambrano 1997; con la del FONCA-SNCA en el género de poesía 2018-2021; Mención Honorífica Única del Premio Nacional de Literatura XXXV Fuentes Mares, 2020 con Aliento tra-ducido al portugués por Nuno Júdice, Lisboa, 2018, quien también tradujo Escríbeme en los ojos, Lisboa; finalista en el XXXII Premio Loewe de Poesía, 2019 con el poemario Rumor de niebla; con el Mérito Universitario Bárbara Andrade, Universidad Ibero-americana, 2020; y ganadora del Naji Naaman Literary Prize por “La extrañeza mara-villada” 2023, entre otros. Sus libros recientes son: Angostura: en defensa del leer, 2021; Memorial del fulgor, 2022; Ramón Xirau: a la orilla de sus palabras, 2022; y Cuaderno bermejo, 2023; y Rumor de niebla, 2025 (reedición).



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