por José Manuel Recillas
(poeta y ensayista mexicano)
MILLE REGRETZ
Josquin des Prez
A Vicente Quirarte
Si alguna vez llegase a ser de pura luz y eternidaddel todo esa mujer que una vez vi entre sueños y recuerdos,si en un incendio de amapolas su nombre
los nombres todos en el suyo hubiese consagrado,
como un eterno beso a medianoche,
y fuese Lillian solamente,
si todo horario constreñido fuese a nube ser y un horizonteen el silencio y en la ausencia visto,si una mejor mujer o el repatriado hermano
de primaveras y de lunas y ausentes noches,
si a todo lo sabido no se pudiese dar más otro día ni otro misterio,si a todo fuego y desesperación
un beso necesario y silencioso
en plena duermevela o en otoño,
si en el silencio o en el verbo hubiese el alba más minina y displicente,si al menos una llama para el norte y para el cielo
en nupcias y en delirios convocados,
si no más noches y tribunos muertos absurdas leyes proclamando,si una remota geografía y el nombre de un país,si al desayuno le tocase ser una promesa y una travesía de flores inauditas,si a todo grito y agonía,si a toda flor y compañía,si a lo que no se deja ya nombrar,si a ese centauro y a la muerte
la fría primavera del silencio y de los ríos,
si el minutero y su palabra inmensamente detenida,si esta denuncia sin agravios, sin una guerra y sin incendios,si hubiese otra vez Lillian y una palabra nueva naciendo entre los labios
como si un beso y la memoria,
si en ese azur de los silencios posible fuera ver nacer la desnudezcon que el amor se precipita loco,
apenas con destino y una noche que no cabe en su nombre,
si en esta ausencia ya de treinta años hubiese solo un sueño y primavera,si con la lluvia y con la noche y altos otoños de silencios y de oráculos,si entre las manos el arroz o el llanto, el lento atardecer en que Virgilio,si entre el oscuro precipicio solo posible lo imposible fuese del doble germinar de los jardines,si al alba o la frontera o al delirio o al beso a la mujer amada,si en paradojas o en antiguos cantos,si en el oleaje y el recuerdo,si entre la luna y ese trigo prometido,si entre la noche y lo que del naufragio oscuramente queda,si desde precipicio y epigrama una mujer desnuday en silencio fundando nuevas noches estuviese,si desde Holanda un clavecín o una nocturna guardia y una ciudad entera en el olvido,si apenas yo pudiese una vez más mirar ese silencio en el envés de lo que está temblando,si por cada palabra hubiese Lillian para surcar el mar y cada sueño,si entre la tinta y el papel espejos de abruptas sinfonías y de vinos,si todo fuese y ya no fuese,si un manuscrito, una balada, un sueño, una palabra una vez más sin cosa alguna que nombrar,si un germinar de noches y de pueblos ajenos a la guerra y a ocarinas,si una palabra, un lento amor, un beso atravesando las centurias,si estamos y no estamos por otros siendo pronunciados,si es el olvido o la frontera César que a todo lo divide,si una sentencia a muerte y su callar de muros ha tiempo abandonados,si es en el árbol o el oscuro féretro del tiempo transcurrido que mudo nos condena,si el abandono o el no haber nacido a fin de ser silencio y llanto y duelo y algo que no se quiere ir,si en el deseo más carnal la piel como una primavera y una vendimia,como si todo hubiese una vez más nacido para ser nombrado en mudasy en desnudas palabras, sin la noche,como si todo fuese, una vez más, tan solo Lillian.
21 de julio de 2024
LO QUE NO PUEDE VERSE MÁS QUE EN CANTO Y SOPLO
para Víctor Manuel Mendiola
Miró el calor caer como el relámpagoque al mundo nombra, y es olvido a vecesy a veces es la ruina contemplada,sin nombre, a la que nadie ya recuerda,al sol abrasador y a su renunciade sólo ser ambivalencia y sed,un mudo resplandor antes que sombray luto y pesadumbre se apoderende lo que el ojo puede ver apenas,como se ve el desnudo de lo amadosabiendo que no hay nombre que le nombreni un álgebra de sombras redentorasque a lo leído dé refugio y paz,como un fugaz trayecto de palabrasen busca de sentido en el desiertomientras la noche y su fogata albergan,por un momento, la memoria que otrosposible harán en una fiesta de unoa la que convocado está el pasadoy eso que mudo nos pronuncia y haceno ser olvido y fantasmagoría.Miró a su alrededor lo mucho que era,los muchos frutos y cuidades vistas,las múltiples espadas y la sangrepor otros derramada, y su sentidoque a sí mismo redimía en silencio,como un solo soldado sin ejércitoen medio de una ciudadela impíaa la que nadie importa su destinobajo el atardecer que Ulises viomientras Aquiles lo aguardaba mudo,como un eterno atardecer soñadopor alguien que soñar no puede yay tiene frente a sí el espejo rojode eso que no se puede ya nombrar.Miró en silencio ese mutismo quedo,ese paisaje mudo que en secretole hablaba de otros mundos, de otros hombres,tal vez de otros prodigios seductoresen esa lengua impronunciable y vagaque sólo en sueños y en azogue se oyecomo quien ve en los círculos de un árbolun eco infatigable, ya vivido,del mismo sueño literario escritopor ese Borges invidente suyo,que tantos ecos y sonidos vivosdejó en papel y en tinta derramadade mundos intangibles y guerreros,de sagas y de viajes y lecturasapenas redactadas si uno leeel imperecedero azogue en tintay en memoriosos versos compartidosdiciéndonos en verbo y en silencio.Miró lo que no puede verse másque en canto y soplo y en respiración,en la sutil cadencia de lo líquidoque en ritmo y en clepsidra de silenciosesculpe una vez más, por un instante,la solidez en que pervive el hálitode lo que algunos llaman lo divino,y en mármol convertido, nos traspasa,y eterniza lo que antes fue silencio,oscura indiferencia temporal,que no es cacharro viejo ni empolvado,sino cadencia y flujo cantarínen que se matrimonian tiempo y aguay en plena desnudez lo encarnan todocomo lo haría un Dios feral y ocultoy a cuyo nombre ni él puede escaparporque es de la materia azur del besoy tan equilibrado como el sueñoy ese abandono inmaterial y pétreotan firme como el agua y la memoriade algo que no podemos ya nombrar.Miró lo que al pasar quedaba atrás,como la sombra o como el sueño vívidode algo que asola al pecho mientras duermeo intenta descansar nuestra memoriade todo corporal intento, vivo,de retornar a la salud y al fuegoque a todo lo que vive anima y llena,pero que, inaprehensible, está naciendoa cada instante sin que lo sepamos,sin que el que sueña sepa que es un sueño,por eso lo persigue, infatigable,porque es como el amor y su floralmateria, asunto de perfumeríay un vago ofrecimiento de lo eternoque un parpadeo dura apenas, comosi no bastara oler para sentirque dura más el mármol inasibleen que se graba el nombre inolvidablede alguien a quien ya no podemos ver,que el nombre impronunciable ya olvidado,en la esperanza muda de vivirmás nuevas primaveras prometidasen medio de este otoño casi inviernoque empieza ya a demolerlo todo,a lentamente recordar qué pocodura siempre la oscura primavera.Miró el incendio tras de sí en silencio,miró la llama detenida y mustiaque inexplicablemente le rodeabacomo una fiesta repentina y turbiaa la que no invitado estaba, comoen cierta forma ya era cotidianosaber que un invasor se eternizabaentre el cansado sol de los inviernosplantándose en silencio, e incansable,en la ciudad que cada día menospoblaba y en la que cada vez menosse hallaba y podía reconocerse,y en medio de sí mismo y de la nocheya próxima a llegar se preguntópor la cansada herencia y su defensa,por ese laberinto de silenciosy de voces minúsculas, perennes,con las que hablaba a diario, no en secreto,mirando en un instante la eternidadque la distancia guarda y reconstruyeigual que la gramática del solrecorriendo trigales manantialesde recuerdos y vívidas vivenciascomo el aroma inmenso de un pan bueno,de un alba bendecida por los ojosperdiéndose en un vivo laberintode noches y de espejos y palabrascomo si nuevamente se embarcase,con los oídos prestos y la cerapara otros apartada y vigilante,hacia el regreso azul y memoriosode lo que fue mediterráneo origeny agricultora espada del destino,y en esa trayectoria silenciosade campos y de asfódelos supiese,y sólo le quedase una batalla,una batalla más frente al destino,la cual sólo ganarse puede ausente,del bullicio alejado y de las fiestasque la incrédula y soberbia ciudadcelebrará en ausencia de un Olimpo,tan solo acompañado del auguriootorgado por la callada noche,esa precaria lámpara de aceiteque al sueño y la memoria hace posibles.Miró, en fin, el hueco enorme que ibala noche abandonando en la ciudadcomo si al fin hubiera completadola circunvolución de los destinosy no pudiese ya más regresar,no estar de nuevo más que en sueño y canto,en un dormir que la anticipa toda,con sus estrellas mudas y su lunaa veces vespertina y cantarina,a veces en la lluvia fría envueltaque del asfalto y los motores quierehuir sin dilación y sin demora,buscando la perdida primaveraque ya para ese instante sólo es humoy un vago proceder de oralidadesy flores incendiadas y sin luto,y esa ciudad abandonada y mustiapara otros ojos otra ciudad fuese,otra promesa apenas precediendoa los diluvios y el verano aciagoque otros conocerán de otra manera,pero él ya no podría saberlo más.Miró lo que otros miran sin dolorporque no saben ya morar lo visto,tal vez más sabios, tal vez menos necios,tal vez menos de todo, sólo tal vez.Porque al mirar lo que miró, no mireacaso más que sombras y silencios,el espejismo de lo material,tal vez no mire más que vejestorios,cacharros que costaron la quincenay no hubo nunca una epopeya dignao no hubo simplemente Homero algunoque pudiese cantar siquiera un guisoo un desayuno. Miró solamenteese vacío oscuro, indescifrable,como una cama abandonada o nueva,de lo que simplemente es el olvido,es el desinterés, toda la nadaque rodea y consume desde siemprea todo lo que vive y es materia,obtuso y demacrado materialpor el que muchos, muchos, dan la vidaquedándose sin nada entre las manos.Miró lo que faltaba por andar,lo abierto del sendero ante sus pies,y recordó la ambivalencia mudade aquellos capturados por piratasque, invidentes también, caminaríanun más breve camino sin sabercuál de sus pocos pasos sería el últimosi no hubo noche ni claudicaciónaunque con él la duda estuvo siemprecomo una espada destemplada y fría,apenas suficiente para el túmulocon el que había alguna vez soñado,y en medio de un silencio sin calendassus propios pasos no podía ver,como si en la fidelidad solarde todas las clepsidras precedentesque en agua y en silencio se entregaronal místico silencio oracularde ver partir trirremes nebulareshacia un destino de silencio y noche,de sueño inmerecido, como sino hubiese una promesa legendariade un día retornar a esa palabray ver al fin las bienaventuranzas,el río al fin cruzado y el centenoa punto de emerger de entre los camposcomo un callado dios de la esperanzaen grano y en abrazos derramadapudiese verse el grano germinado,esa promesa firme del retorno.Miró el reloj. Sin ver y sin temor,miró por fin sus manos, solitarias,del todo abandonadas a sí mismas,teniendo dos que son tan sólo una,en las que solo cabe lo que siempreha cabido: todo el amor del mundo,tan frágil y precario como un beso,como el amanecer de los cerezosdel todo ajenos a la primaveraque nadie sabe ni por qué llegópero calladamente alberga a todo,y vio la nada a la que siempre supole tocaría un día regresarsin nada entre las manos diminutas.Y entendió lo que había que entender:tenía al fin al mundo y su milagro,ardiendo, latiendo en el corazón.
29, 30 y 31 de mayo de 2024
