Por Mariana Bernárdez(poeta y ensayista mexicana)
Su sombra de pájaro (*)
Y dormía a la espera de que el viento arrebolara mi hablaque inundara con su trueno lo marchito agotando mi menteque transcribiera esos salmos que no atrevíay que llevaban siglos zumbando en mi gargantay que no ansiaba delatar en mis afanes diariosen el lecho de sábanas revueltas por la tribulacióno en el canturreo de lo idopero yo fracturadacon la voz en astilla vidriosa por no encontrar alzadapor ir tras el murmullo de la anchura que traía la brisaa los ciruelos custodiando mi ventanapero yo con la visión fija en el cielobuscando un agujero en su firmamentopor el que cayera tu historia imparde aventurados parajes y rutas inéditasde olor a tabaco negro y catedrales inundadaspero yo hecha un ovillo bajo el asedio del temorno tuve el arrojo de arrebatar un puño de tierraalgoque sanara la pena de no haber arrinconado tu muerte.Debí contarte de Petradel desiertodel cielo en el desiertoDebí mandarte una postalalgo que registrara mis impresionescontarte del beduino de Wadi Rumy su perfil de pájarodescribir las formaciones y la grafía del vientoalgo debí decir sobre el tono rojizo del horizontede lo inasible agitándose por sus desfiladerosdel silbido sediento de sus moscasde la añoranza que deslumbra lo atesoradoy la calle polvorienta hasta la desidiapero la calima aturdía mis sentidosy los macizos escarpadosescondían innumerables vocesque eran arenisca en los ojos del badawique en un cerrar de los míosremontó el vuelo hacia Madabala ciudad de los mosaicosDebí haberte llevado conmigoal frescor de la grutadonde toqué la retama y su manantialy probé el té dulcísimo de cardamomoDebí haberte escritocuando vi el cielo recibir la primera estrellacuando el susurro se llevaba las cariciasporque en el desierto lo único existentees el insondable silencioy en sus constelaciones refulgela alianza indócilde su nombreNo fue asíY siento deslizarse por mis dedosel interrumpir del tiempoy en la simpleza de su forma rozola totalidad del valle de la lunael oleaje de su presenciaDebí escribirteahora lo séahoracuandola lejanía.
Por las aleyas del jazmínfascina en su quietudel Huerto de los OlivosAy Jerusalén no visitada en Viernes Santoy la noche escribe en mí lo distanteprovocándome el desconcierto de lo precisocuando la santidad de la semana era acompañadapor la quema de la caña en los ingenios azucarerosy la pizca de jitomate bolaque se vendía a pie de carreteraHay un sosiego que reconoce la desmemoriaPadre jugaba dominó y Madre leía el Timehabía una placidez en el aire y refrescabalo sorprendente era que en ese sucederel futuro podía trozar los amarres de la razónHoy viernes no santoMadre continúa leyendomientras una nube escapapor el raso de cieloy me tiendo sobre la gramaacallada por el almizcle de azaharesy el dormitar de ángelesbajo las ramas de los olivos.
Sueño con lo íntimo de tu gestorecoges una pizca de cenizay la mezclas con el aceite de la unciónpara sellar con su nardo tu bocayo quisiera saber quién lavó tu cuerpoquién lo rezósi pusieron monedas sobre tus párpadossi la semilla debajo de tu lenguasi el escarabajo en el lienzocon el que cubrieron tu cuerpono sé qué consuelo pudiera darmesaber que aún en el umbralfui la más queridaporque prohibido me fue tocarteaunque me ofrecieras el hiloque anuda tu historia a la míala que en el desvelo desatocuando sellas mis labios con tu ceniza.
Debí contarte de los viajesde mi condición de nómadade mi necesidad de no tenerpara ser ligera y estar prestahabía una urgenciaporque lo incierto jugabacon las cartas marcadasTe llamaba para avisarteque nos íbamosque te mandaría postalesde los lugares que visitarapara que te guardaran compañíaque ya habría ocasiónde charlar largamenteY anduve hasta llegar al mara sus peñascos y ríasy fue entonces que el corazónse me hizo un ramo de fuegoy no pude desatar el nudoni acompasar el alientoel tiempo que no se esel tiempo que no se vence.
El mundo vuelve a esta piedrasu sereno es el aireen el que un animal detiene su latido
antes de incendiar las letras de su fuga
un jaspe
una azucena de marun ámbar de jardín milenario
un páramo aromado en el desierto
y sopeso su redondez al ir hacia la ermita
con la niebla envolviéndoteabsorta en un ruego cuyo sonarciñe a la cintura un rumor de fuentes
anunciando tu destierro
qué solas han quedado
las leonas
cazando la tormenta
y el guijarro a la entrada de la gruta
y tus pequeños pies impresos en la arcillay las manos en marfil y sangre
sobre la pared ennegrecida por las visiones
porque de siempre el requiebre en tu voz
con las hojas de laurel sobre tus sienes
y el incienso de lirios adormeciéndote
porque de siempre la transparencia
los nardosy el paño sobre mi frente afiebraday la sábana empapada de floresporque todo tálamo es honduray todo umbral un recuerdoque acompaña tu ascensohacia una ermita perdidaen la tribulación de tu rezo.He tenido muchas vidaspiensoal despertar con la sensaciónde tu mano en la míay con el caracol traídodesde Galilea¿cómo sabercuándo serála última vezde encontrarse?Hablábamos de esas cosasque sólo se dicen entre mujerescon un tono de medio callarcuando se pronuncia lo más dentroun mostrar la heridapara que al tocar sus bordesrepicase lo sombrío de su caudalY se camina la tardeuna al lado de la otraen conversación calladaporque se ha andado trechoy la promesa es contarsey asir el vientoCojeabas un poco porque te dolía la caderaasí que apoyabas tu cuerpo contra el míoe íbamos como dicen los portuguesesde passarinhosRecuerdo la risala luz del otoñoel aire un poco fríoy el recuento de las horasque conservaría en tus libros—Toma la semillaponla debajo de tu lenguaflorecerán los pájarosy te habitará un bosque—¿Y el mar? ¿y el mirlo?—De antiguo el ángel consoló mis lágrimaspon la semilla en tu bocapara que espigue en los frescos de tu memoriaNo fui a Jerusalén en Viernes Santopero subí la Vía Dolorosay en la Piedra de la Unciónsus labios sobre los míossellaron la veladura de la gracia—Te he traído el mar de Galileay unos pendientes lusitanospara que te acompañenahí por donde vayasy me sonríesy te veo subir la escaleramientras me despidescon el gesto de tu manoNos hablamosSínos hablamosDespierto con un vendaval en la cabezay rondan caballos la auroraque me devuelven momentos contigoy busco entre las hojasel guijarro y el mar de Galileay los pongo debajo de tu lenguapara que el levanteno cautive la heridaque nos separa y anudaen sombras de pájaros al vuelo.
(*) Algunos poemas de “El pájaro y la piedra”, en Su sombra de pájaro,libro inédito de próxima aparición en Bonilla Editores.
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| Mariana Bernárdez (foto © Pascual Borzelli) |

