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lunes, 4 de diciembre de 2017

Poética de enero

Por Juan López Cortés
(poeta mexicano)




Días en Durango  

Lunes.
La tarde ensaya agonías,
entre colores que no son de aquí,
y parvadas de grajos negruzquean el paisaje.
Acá, abajo,
 –donde bebo el café de todos los días-
más de uno posee la certeza
de que el invierno arderá en los campos. 
Veo dentro del instante,
como el lunes afronta el temporal
y enmudece.
Aumentan los indicios
de que un frío frío va a imponer su ley.
Ya hecho harapos lo que queda del día,
el silencio,
en paternal abrazo le cobija.
Ya es martes.


Habitante de instantes           

Un lunes,
atado a la cintura de los días,
vuelve,
y llena la tarde.

Yo escribo versos.

Ingresan al poema,
unos minutos torcidamente tibios,
y
sordamente,
el tiempo suena en ellos.

Yo escribo versos.

Todos los lunes,
mido la eternidad con un bostezo,
y papaloteo sueños,
de orfandad temprana,
todos los necios, necios, lunes.

Como quién vive en un país de instantes.
y escribo versos.


Éxodos citadinos  

Las palabras buscan ventanas,
salir de su reclusión.
El frío sigue poblando el paisaje de omisiones.
Acomodado en los días de Enero,
finjo y miento,
a quien asoma demasiadas preguntas.


Mientras agonizas

Filtro en silencio un par de horas viejas.
Mueres,
y no sé sostener tu existencia. 
Salgo,
en busca de la primera calle.
Sólo por eso.
¿O salgo, a procurar distancias
que no sean las de tu muerte?
El invierno quema sus más fieros días.
Se prueba el frío en mis huesos.
La nieve cierra el cielo,
y me aventuro a rehacer tu existencia,
pues eso que sucedió hace cien días,
apenas está sucediendo,
mientras filtro en silencio un par de horas viejas.


Intermediarios

Ves,
la banca sola
frente a un solar baldío.
Imaginas:
no hay mejor sitio que este vacío,
pese a todo.

Ves:
un tiempo blanco
allana el ojo,
y quemándolo, casi.
Supones:
¿la banca,
es todavía una banca?

Ves:
el sol se empeña en claridades,
que nadie atiende ya,
y unos pájaros sueltos,
llenan la pared del cielo.


Últimos días sumando alrededores

A nosotros

Ven a la tarde, ella es el sitio.
En esta hora, las palabras sacuden su fantasma.
¿Avivas mi naufragio?
Eso no es nada nuevo,

Las épocas se impregnan unas a otras,
Y corren tras de sí,
abiertas y en oscuro resplandor.

Luego de amarnos a lo bestia,
-ante un reposo que tiene algo de fingido-
nos abrazamos con silenciosa liviandad,
a sabiendas de que cualquier palabra podría arruinarlo todo.


El otro sitio

Veo la torre, llena una época,
no hay quien no sepa eso.

En lo más alto de ella,
hay un sol oculto,
haciendo un agujero en mi memoria.   

La torre no suelta mi mirada.

Bajo hacia lo más bajo.
Frente a mí, se empina una biblioteca
donde leo:
ningún ruido es más fuerte que el silencio.

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sábado, 1 de julio de 2017

Recurrencias

Por Juan López Cortés
(poeta mexicano)






Indicios de una batalla

A Hegel,
entre lo inmediato y la inmediatez.

El ruido del último poema
levanta polvaredas,
justo cuando atraviesan el patio
unos instantes,
llevando a cuestas el cadáver de la tarde.

Tu poema quiere dar más,
no puede,
además no importa.

Pretendes dejar atrás el pasado,
pero aún escribes con palabras viejas,
y el muerto atrapa al vivo.


Escribiendo el poema

Los ruidos van vaciando la tarde,
aparto a unos de otros,
siento de ellos el peso, palpo su duración.
Otro ruidos,
avasallados por el impulso de estar,
dispersan su presente.
 Les doy un sitio en el poema,
luego les guardo, en esas jaulas de ecos
que suelen ser los libros.


Detritus temporal

Han caído los días.
Ligeros o pesados, igualmente han caído.

Los días,
arden en sus bujías,
y echan a andar sus trenes citadinos;
ya en tránsito,
suelen volverse cruce de caminos.

Han caído
—del árbol de los días- estos frutos,
yo sólo los escribo.


Alba perdida

Aquí estoy,
arrojado hacia un trozo de tiempo en que me reconozco.

No le falta lo extraño a este día:
copos de instantes quiere fijar su tono (igual lo he pretendido).

Junto a un silencio apenas inicial,
el ruido de unas olas desespera por alcanzar su orilla.

La misma luz que nos dejó el verano,
insinúa el perímetro, por donde cierta página de un hombre nos narra su verdad.

Y sigo aquí, donde ayer la lluvia tuvo raptos de locura,
y un viento disfrazado de bruma se llevó el alba, hacia un bloque de tiempo
que no sé.


De viaje en el Metro hacia Mixcoac

De días que agosto acomoda en la mesa,
cae un pensamiento.
Lo vi crecer en mi memoria,
saturándola, incluso.
Bien pegado a su piel
insiste ese pensar:
¿a cuáles asuntos hace ascos la memoria?
De todos modos, todo es memoria.
Sí: todo es recuerdo;
incluso lo olvidado, alguna vez lo fue.
De días que agosto acomoda en mi mesa,
recojo este pensamiento.


Tiempo abierto desde la Santa María la Ribera

El día cae por su propio peso.
Recojo ruidos de cosas, de un  pensamiento.
Son astillas de tiempo.

Antes de que el silencio fije su tiranía,
el día cae por su propio peso.

En lento adueñamiento de su última noche,
 el verano sube y baja por los cuatro costados del Metro San Cosme.

Salgo, la noche empolla sus primeras estrellas,
y el día sigue cayendo por su propio peso.


Contrastando indicios

Escribo de mí con escasas palabras,
y para desperderme.

Además,
elijo la brevedad.

Acomodo el ojo en la hoja.

Además de rutinas,
y ecos,
nada decisivo sucederá,
si acudo a las palabras de quienes me precedieron.

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Juan López Cortés

Tres poemas

Por Kyra Galván 
(poeta mexicana)



Londres al cubo

Because I barely scratched the surface.

Porque tus cabellos revueltos por el viento del Norte
se enredan con fantasmas ancestrales
tallados en la piedra solemne y repujados en los bronces.
Porque tus calles fanfarronean con luces mortecinas
de los pubs en los inviernos lóbregos
donde se come y se bebe desde siglos atrás.
Porque tus intestinos están repletos de gente
que conmuta como hormigas en trenes atiborrados,
que arrastran  ausencia
                       y nostalgia de sol.
Porque en tus callejones se escucha un vestigio de botas
que pisa  sobre la ternura abandonada, la duda y la traición.
Cómo llamarte entonces ciudad del medievo,
 decimonónica
o ciudad de rascacielos de vidrio y acero
si en tus iglesias yacen enterrados
los poetas desalmados
que escribieron las mejores líneas de la historia
dejándonos boquiabiertos 
y sin nada qué escribir
y en tus barrios vivieron los exploradores,
los científicos, los músicos.
Cómo decirte al oído
palabras de paloma acurrucada
si por tu mitad pasa partiéndote en dos,
el caudal portentoso de un río
que feroz arrastra consigo el viento y las olas
como un vientre herido,  abierto a cuchillo.
Porque en el inframundo de tus sótanos
Winston Churchill peleó una guerra 24X7 X365X5
contra el mal,
contra la plaga de sargazos
que nos hundía en el lodo.
Dime cómo y por qué acariciar tu umbrosidad real
si en tres palacios hay reliquias
y en las reliquias hay palacios,
taj-mahals de culpas e injusticias.
Cómo tocar tu grandeza
si en los parques  hay gotas de sangre
de niños obreros
y en las columnas de mármol
rastros de asesinos brillantes
que desaparecieron sin dejar huella.
Tierra de hechiceros, pordioseros y reyes.
Eso eres.
Porque eres una isla dentro de otra isla.
Y el faro que guía hacia tu corazón:
 es el obelisco de  Cleopatra en el muelle.
Grito dentro de un grito ahogado en el puente de ti.
De Londres, por no repetir tu nombre en vano.
Diez años no me alcanzaron para abarcarte.
Pero sí para amar cada una de tus piedras malditas
siempre húmedas, siempre penando.
Y lo vuelvo a repetir
porque te encuentro en mis días y en las noches de mis sueños
donde no termino de recorrerte,
de peinarte, de traducirte,
de hablarte en la lengua de los poetas muertos.
Mil años

Aún me cuesta trabajo
dejar el departamento vacío
de Minami Magome, en Tokio.
La acción se prolonga interminable en el vacío.
En el espacio de mi corazón
hay una estancia sin muebles
que solloza.
Un arreglo floral de bienvenida.
La ilusión de mil años que se quedaron tirados
en un piso polvoriento.
Notas delicadas tocadas en un piano que nunca existió,
acompañadas de un violín que entonaba como un ángel:
melodía de libélulas alborotadas.
Mil años de crisantemos bordados en oro.
Qué difícil dejar el Hotel Imperial.
Último reducto de una historia  de amor.
Tokio y su recuerdo, duelen,
y la vida entre kanjis arde nostálgica
sobre una llamarada de juventud en toda su gloria.
Tanta impotencia por no saber leer.
Lánguida lucha por la lengua.
El bosón de Higgs es una realidad.
Ha sido descubierto y confirmado
y asegura que el tiempo simultáneo existe:
o sea, que puedo ser hoy la que fui
y seguir siendo la que seré.
Paradoja del tiempo cruzado:
mis piernas jóvenes caminan por el subterráneo
y aún sin conocerte, te recuerdo.
Te amo y no te amo.
Te deseo y te aborrezco
porque dejaste una huella que aún no se marca. 
Fui de carne y hueso en Akitsu Shima.
Le recé a Kannon sama en un santuario en Kamakura
y diez mil samurái cruzaron mi llanura estéril
llevando suntuosos regalos
y castigos innombrables.

Hoy, adentro de mi corazón,
los cerezos florecen inmutables
en un instante que es presente continuo
y en mi memoria se construye un acuario de olores
que hace de mis ojos: peces
que nadan en las aguas del tiempo:
yo dejando una habitación vacía que no conozco
porque la viví en la memoria  de un país
en el que moraré
mil años.

Plomo

Afuera rumia el viento
y un enorme árbol de hojas redondas
murmura  recuerdos
largo tiempo  mitigados.
Cuando era niña
vivía en perpetuo temor.
La violencia podía estallar
en el instante menos pensado.
Había una  voz, colérica, masculina
 y se alzaba mancillando,
insultando,
empequeñeciéndonos.
Vertiendo palabras  líquidas,
ardientes,
de plomo fundido
que inundaban el  corazón.

Kyra Galván

El azar de los hechos en ImagenTv

El azar de los hechos en Canal 11 Tv

Las teorías sobre arte son al arte
lo que un gato disecado al movimiento de un felino
Cosme Álvarez

Invitación

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