Por Enzia Verduchi(poeta ítalo-mexicana)
ÚNICA CERTEZA EN LA ESQUINA DE COLUMBUS AVENUECON LA CIENTO SEISEn la esquina de Columbus Avenue con la ciento seishay una tienda de abarrotes. A fines de noviembreNueva York estaba a cinco grados, jóvenes mujerespolacas, latinas y albanesas fumaban en la aceramientras sus críos dormitaban en las carriolas.Toman algo de sol enfundadas en largos abrigos,se calan los gorros hasta las orejasmientras sus hombres trabajan:albañiles,lavaplatos,estibadoreso taxistas.Y yo, sin crío ni carriola, fumaba con ellas.Ahí, junto a esas mujeres que apenas hablan inglésy compran comestibles en el ultramarinoatendido por dominicanos,comprendí que amaba al Amado.No soy nadie, ¿tú eres alguien?No podré darte hijos como esas jóvenesporque he sido desentrañada, vaciada,dentro de mí no resta órgano para anidar vida.Tampoco puedo ofrecer certeza sobresi el amor será suficiente para estar juntoscuando nos separan casi tres mil kilómetrosde distancia en un país que no nos quiere,como a los hombres de esas mujeresque fuman y pasan frío en la esquinade Columbus Avenue con la ciento seis.VESTIR AL NIÑO DIOS EN CHICAGOSoy la costurera del Niño Diosla de la puntada recta o el aplique en zig-zag,la de la costura decorativa, el bies centelleadoo el dobladillo invisible, la que tejeel chaleco para taparle el pechito al crío, la que bordalas estrellas en el manto de la virgen y en el ropón.Niño de la abundanciaNiño de la saludNiño del muro con ladrillo y pala en mano:Que no me regresen, no.Soy la costurera del Niño Dios en Discount Mall,del cuello a la punta del pie mido para cortar los patronesque arropen con la blonda y el guipur.En enero los chiquillos pasan frío, llegan al talleren racimos como misterio de la Santísima Trinidad.Niño de la familiaNiño de las palomasNiño de la sabiduría:Que no me gane la pereza, que no me manche la mentira, no.El Niño Dios no es un muñeco ni un ángel ni un santo,tampoco el novio de Barbie en Magnificent Mile,es Cristo emperador del mundo.Soy la costurera de la inocencia,con dulzura frunzo la tela,hilo de plata hebra de oropunto de escapulario en el forro.Niño aztecaNiño Belén del desiertoNiño del perdón:Que no nos juzguen, no. Que no nos persigan, no.NO QUIERO LLEGAR A LA EDAD DE MI PADREEn unos meses mi padre cumplirá noventa años,a mi edad caminaba diez kilómetros diarios,trabajaba ocho horas recorriendo el muelle grande,jalando las pesadas mangueras de las pipas de diéselentre barco y barco.No quiero llegar a la edad de mi padre sin cómplices,sin despedidas,deshijada.Subir cada peldaño de la escaleracon el esfuerzo de quien sube una montaña.Recordar números telefónicos donde nadietoma la llamada o contestan las viudas y los nietos,o un desconocido insiste en que me equivoqué,que ahí nunca vivió mi amigo de la infancia.Pedir al enfermero que corte o desmenucela carne en el plato, en pequeños bocados,porque ya no tengo fuerza en la manos,masticar y engullir es difícil.No quiero olvidar las esquinas y las tardes,el olor ni los nombres de los hombres que amé,las páginas subrayadas y la nota sincopada,desconocer mis palabras, mi letra irregular en las postales.No quiero confundir a mi hija con mi madrey soñar que me está esperando hace tres años.No quiero llegar a la edad de mi padre.No quiero desconocer lo que fui, aferrarme a la memoriade mi prole que recuerdan lo que ya no soy.DANA NOH ESCRIBE UNA CARTA SOBRE LO QUE SUCEDE AL MORIR
Los vivos sabemos que vamos a morir,pero los muertos no saben nada, no tienen conciencia de nada...Eclesiastés 9:5-8
Dana Noh, testigo de Jehová, escribe una cartaa mano con letra redonda —en tinta azul.Escribe para que alguna alma extraviada entre al Salón del Reino,en la calle Nueva del sol, en el barrio de Santa Ana.Invita a esa ánima cerril sin rostro ni nombrea discernir en el templo si uno sigue vivodespués de morir o la muerte es el fin de todo.Dana Noh se pregunta cómo es posibleresucitar si la misma Biblia revela que cuando morimosdejamos de existir. Confundida,cita al destinatario ignoto la contradicciónentre las escrituras del Eclesiastés y los Corintios.Sabe que Dios perdona a cada uno después de morir.Sabe que pronto ocurrirá la batalla final entre el bien y el mal.Sabe que este mundo está a punto de colapsarcomo lo anuncian en línea las Sagradas Escrituras.Dana Noh sabe que con este mensaje —redactado en papel bondsalvará “A quien corresponda”, al impío, ese que no abre la puertalos sábados y los domingos al testimonio de la verdad.Los poemas aquí presentados pertenecen a la sección inédita del libro Tu nombre, arde. Antología personal (1992-2023) editado recientemente en la colección Poemas y Ensayos, de la Coordinación de Humanidades de la UNAM.Respecto a esta antología, María Rivera señala: «Nos ciñó la lengua extranjera, escribe la poeta ítalo-mexicana Enzia Verduchi al principio de Tu nombre, arde. El verso, parte de sus primeros poemas, bien puede ser una hoja de ruta para leer su poesía. La extranjería de la lengua, esa forma del exilio, es el corazón que rige toda su obra: el nudo vital y verbal, que ata y desata su escritura, con su centro intraducible; la conciencia herida de quien está “en trance de una raíz a otra”, como dijera Vallejo, atravesado por una lengua ajena. No es de extrañar, pues, que esta obra se centre en la traducción de lo indecible, en la indagación de los límites del lenguaje, con gran intensidad y belleza».
![]() |
| Enzia Verduchi |
Autora de Cartas de usurpación (1992), El bosque de la hormiga (2002), 40 grados a la sombra (2013), Los segundos y los días. Breviario sobre el temblor (2018) y Groenlan-dia (2018); su escritura explora la memoria, el estremecimiento íntimo y la materia mínima del lenguaje.
Su obra ha sido traducida a diversas lenguas. Su poemario Nanof (2019) fue finalista del Premio Internazionale Letterario Camoire Francesco Belluomini 2025, en su edi-ción italiana.


No hay comentarios:
Publicar un comentario