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jueves, 1 de septiembre de 2016

6 poemas

Por Óscar Paúl Castro
(poeta mexicano)





Si Dios existe,
su corazón es un hombre

*

No hay nada que decir:
fue el silencio
el que me abrió los ojos

*

Sin tocarte
mi mano te recorre
por caminos que el tiempo no conoce
Más allá de tu silencio
de las palabras de tu piel
Cierro los ojos y miro las flores en tu pelo
Las flores invisibles de tu pelo
Y su perfume
que aún flota como un cuerpo en el agua
No mediaron más palabras entre nosotros que la luz desnuda
No era necesario el grito de la tarde que ardía como un sueño
Podría decirse que nunca estuviste aquí
que te he soñado
Pero aún recuerdo el agua de tus pechos en mi espalda
La risa de tus cabellos negros
y tus ojos
Quizás yo no existiría
si no me hubieras tocado ese día perdido
Esa noche cualquiera
en que robamos las alas de dos ángeles
para regresar y ser mortales
en el mundo

*

Aquí

Aquí adentro todo se separa y está solo
Emigran con las alas destruidas
Las magnolias del destierro
Cada cosa se derrumba por su lado
Los muros ya no guardan calor
No resguardan de la noche

En la violencia lechosa del día
Alegría y cólera
Se miran de reojo
A una distancia vacía de deseo

Se torna entonces necesario avanzar por las horas
Como un ciego
Evitar que este tiempo
De sombras detenidas
Tropiece con el tiempo de la vida

Qué tristeza circular nos abandona
Cuando la luz oscurece lo que amamos

*

Autorretrato de espaldas al espejo

Hijo de perras Tu puta madre
Hacia mí avanzo
Escupo en mi sombra
Hacia mí
Que no te duela
Esta es mi alma
Mierda que envuelve mierda
Que las palabras
no den la vuelta
No digan dónde debe ir tu nombre
Abismo
Relámpago
Quimera
Sean espejo
Un mono desnudo colgando la verga
Obeso
Imbécil
Perdido
No sabe lo que es el hambre
No importa que se le muera
la vida
No le importa que te mueras
Déjame decirlo
Aunque aquí me tiemble la mano y el alma
se me crece de improviso de bueno
Sé que te gusta esta sucia
confesión de abismos
y quimeras
Este relámpago de mierda
que te salpica
Y te pone tu rostro de máscara
Y me miras y te miras en mí
Espejo
Tu puta madre Hijo de perras

*

La alegría

La mano del sueño
acaricia la negra cabellera del silencio
El corazón se acuesta tendiendo puentes de ceniza con el fuego
Y avanza por los caminos extranjeros de la noche
con la certeza del azar resguardando el ritmo oculto Adentro
la volición se estría Y en ecos nupciales esculpen sombras
los rostros olvidados Cuando tocan la pared en sordina
el pasado se inclina y alborota como sementera al viento
En el oído del futuro resuena el golpe seco de aves calcinadas
         La belleza se cubre el rostro
         destapándose los pies retorcidos
Y una flor muere en los cuatro puntos cardinales
Suena la hora
         Limadura sobre espejos Reflejo que se quiebra
         Filo de tiniebla Agua quieta
La ciudad se nos cierra en la garganta
La rosa es un acento de sangre en la flor del acanto
El silencio es una nube blanca
         Lo que era nuestro ya es aire dormido
         Arteria de luz Hierba que sueña
Esta hora ha de apartarse
         En qué rincones tiritan los cantos de las olas
         Qué fríos campanarios lamen sus lenguas de espuma
         bajo un rumor de negros soles
         Dónde está el mar
No es por ti que el destino mantiene oculta esta palabra
No habla para que calles Su mano no se alarga para tocarte
Óscar Paúl Castro (México, 1979)
Su camino de cardo Su longitud de mimbre
Señalan el dolor de lo que nace La alegría de lo que muere
         La herida del sueño ya crecía en su costado
         mucho antes que la yerba
Su canto permanecerá espina
Grito dormido en madreselva
Piedra oscura
Arrinconada piel del tiempo
         Nada tendrás que ver con la tristeza

(Regresa al Índice general)

Cambiante, igual a sí mismo. Acerca de Puzzle, de Óscar Paúl Castro

Por Leonel Rodríguez
(poeta mexicano)




Tomo dos acepciones de Puzzle, según mi diccionario: 1. Algo, un juguete o un juego, que pone a prueba nuestro entendimiento. 2. Acción de aclarar o resolver. En un título de poesía esta palabra nos indica la intención de resolver por medio de la presentación del problema. Las propias palabras son el nudo y resolución.
Algunos poemas de Puzzle de Óscar Paúl Castro (México, 1979) fueron publicados en la antología de poetas Los límites acordados (2000); otros aparecieron en la antología 1979, de 2005, que reunió a cinco poetas sinaloenses o afincados en esa tierra, nacidos en ese año del título. El libro que se comenta aquí es el primero en solitario del poeta. Al leer estos poemas en su forma actual se disfruta en ellos el regusto y la sobriedad de los temas verdaderos de su pluma, también la manera de expresarlos que, al aparecer con leves variantes en el tiempo, sólo fortalecen el sentido y la seguridad de una voz que no grita, más bien labra en no demasiadas, cuidadas, piedras las señales del silencio, del relámpago, de la oscuridad.
         El puzzlement (extrañamiento, intriga) que se alebresta en uno al descubrir en estos poemas lo contrario de la tristeza, desde algo parecido a ella, está expresado en el verso que dice: la luz oscurece aquello que amamos y es efecto de la novedad de las relaciones entre las cosas que nos trae la obra y el reordenamiento de nuestra percepción. La presencia sin más es relación y realidad instantáneas. A esto puede llamársele poesía. Este comentario acerca de Puzzle no pretende agotar su sentido ni las alusiones que despierta y pone en juego. Sin duda se trata de un libro para la relectura; probado por el tiempo, posee la coherencia de las obras que nos permiten participar en ellas haciéndolas espacio de nuestro interior en la forma externa de un libro, de una voz otra.

El libro se divide en tres secciones: “Declaración de sombra”; “Archipiélago”; “Puzzle”. La segunda es un poema dividido en 13 partes de dimensiones que van de las siete líneas –esbeltas-, al renglón único. Su título, “Archipiélago”, ya nos señala su intención de unidad a través de los fragmentos, además de emparentarlo con el título general del libro: partes diseminadas formando una totalidad, piden lo que sólo una contemplación ofrece, que es el sentido de orden, una imagen del todo sólo asequible en el descubrimiento o invención del sentido.
Resolver el acertijo, disolver la extrañeza: separación que nos pone lejos de aquí; nostalgia, como lo muestra el poema o fragmento 4, que se sirve del juego de caleidoscopio hecho célebre entre nosotros por Xavier Villaurrutia. Leamos:

Amor
-haz ido-
ácido
asido
ha sido
el corazón
de la nostalgia

Parece decir que la nostalgia tiene un centro, un corazón que cae y es siempre el mismo en sus transformaciones. El hombre puede decirlo, mas no asir definitivamente, él mismo fugaz. El archipiélago es dispersión que pide ser contemplada como tal: dispersión cuyo centro es mudable, irreconocible. Entonces, la escritura es mostrar lo que hace falta y se aclara el acertijo de la situación:

No hay nada que decir:
fue el silencio
el que me abrió los ojos

Archipiélago. Fragmentos de tierra, de palabras. Incluyen en su nombre el mar que une y separa, ese mar de la contemplación, de vaivén, silencio donde se permite vagar, acercarse a cada una de las playas de estos cantos. Se trata de un poema que enseña su rostro alzándose desde las aguas –pero no del todo. Nos deja a los lectores esa facultad de vagancia que es la última palabra o mirada.
         El descubrimiento de este poema, ¿será la intuición del corazón del hombre, o sea: el hombre, nómada, siempre el mismo, sin que pueda decirse: “ya lo sé”? Y de esto es la nostalgia: del desconocimiento, de la ignorancia. Puede decirse, para recordar por segunda vez al poeta de “Nocturno mar”, que se trata de una nostalgia de la muerte, entendida como aquello que rodea, un antes, un después, un aire entretejido a la isla de vida.

La tercera sección del libro porta el título del mismo. No contiene ninguno de los poemas que aparecieron en las antologías señaladas al principio de este comentario. En las primeras dos divisiones del poemario hemos animado la voz de quien que ha visto el cielo del mundo: visiones del tiempo, verdades patentes, cíclicas. La tercera y última sección, comienza con los “Poemas para una exposición”, donde se reflexiona –es decir, se suaviza, se matiza- acerca del arte y el encuentro. La belleza del decir ha cambiado: de inscripciones en los árboles, en piedras que se leen al remontar o descender, la voz ahora no está enhebrada tan prominentemente con cimas sino con el caminar. La voz parece conversada, es directa, aunque de amplio aliento. Al poeta le importa más que antes la experiencia de haber conocido a otro, la mujer. No habla en abstracción exacerbada, más bien lo hace con voz del que siente venir la sangre y del que ha quedado a solas al retirarse su marea.

Puzzle de Óscar Paúl Castro. ¿Cuál es la trayectoria de este desafío? Los primeros poemas iluminan: relámpagos sin trueno, luces en la noche. Está el tono de quien escribe en la altura; desde ahí advierte los choques de las nubes, sus mudanzas. Puede hablar del olvido y de nadie. Pero no se siente de veras solo; lo acompaña la fuerza que lo ha impulsado a subir y mirar. Habla como prediciendo la trama de la vida allá abajo, en el suelo, en el calor detenido (aunque sea cíclico y no esté definitivamente detenido): donde las apariencias cambian y las visiones certeras se trozan, intercambian lugares. Aquí, en esta vida que se comparte, el olvido tiene importancia; quiere decir que hemos soltado una posibilidad, y ya no se trata de futuro deseado, siempre más allá; se trata de la extrañeza, jubilosa o no, de estar vivo y mirar sin dominio.

REFERENCIA: Óscar Paúl Castro. Puzzle. Culiacán: Andraval ediciones, CONACULTA, INBA, 2013. 78 p. (Punto luminoso, XV).
(Regresa al Índice general)
Leonel Rodríguez (México, 1978)

Conversación desde India

El azar de los hechos en ImagenTv

El azar de los hechos en Canal 11 Tv

Las teorías sobre arte son al arte
lo que un gato disecado al movimiento de un felino
Cosme Álvarez

Invitación

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