¿Para qué disfrazar al mundo humano con una belleza que raras veces tiene?
Hay que desnudarlo, exhibirlo, denunciarlo con toda la fuerza de la inteligencia
hasta hacerlo sentir vergüenza de sí mismo.

COSME ÁLVAREZ
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viernes 11 de diciembre de 2009

Bitácoras de soledad, de Héctor Domingo

Ediciones de la noche
México. 2009
127 pp.


[Reflexiones en torno de la lectura de Bitácoras de soledad, de Héctor Domingo]

COSME ÁLVAREZ

«Para la mayoría de nosotros, la vida verdadera es la vida que no llevamos.» La declaración de Oscar Wilde con que inicia el libro, y que Héctor Domingo utiliza de epígrafe, es sin duda una clave para comprender la poética y el impulso que aparecen como telón de fondo en cada una de las siete historias que conforman Bitácoras de soledad.

Si la única vida verdadera es la que no vivimos, ¿quién la vive por nosotros? Así, desde el principio de la lectura, Bitácoras de soledad se propone a sí misma como una reflexión de la existencia, pero de un existir en el que lo existente se formula como un fenómeno ajeno, como ficción.

Desde tiempos inmemoriales, el hombre ha meditado acerca de la realidad, lo existente, la vida, su propia existencia y si hay algo más allá del mundo físico; a lo largo de la historia hemos derivado entre el ser y la nada, entre la vida interna y el tiempo, entre lo que consideramos real y lo que nos parece fantástico; estas reflexiones son constantes y han generado grandes movimientos del pensamiento. A partir del día en que el cerebro pudo abstraer el mundo, los hombres existimos entre lo tangible y lo intangible, lo posible y lo verdadero, lo racional y lo irracional, la lógica y los sueños, y experimentamos con la misma constancia toda clase de incertidumbres, principalmente la del miedo a la muerte, registrado ya en el poema babilónico Gilgamesh —hasta hoy el libro más antiguo de la humanidad.

Como parte de su naturaleza, el hombre se ha formulado algunas preguntas fundamentales, pero al no hallar una respuesta del todo provechosa o satisfactoria recurre a la imaginación; también a otros medios de percepción que efectivamente están más allá del pensamiento. La síntesis de este camino va desde las visiones religiosas de India, el Tao originado en China, las cavilaciones presocráticas sobre el ser, el cristianismo y el budismo —uno en busca de la salvación, el otro en unión con el silencio—, pasando por la idea, para mí falsa, de la supuesta supremacía de la razón, sembrada por Descartes, y de ahí a las metafísicas de Kant, Nietzsche y Heidegger, el existencialismo, el nihilismo, incluso el surrealismo, hasta nuestro ahora, en el que prevalece la falta de dios y de todo punto de referencia, esta pérdida de toda seriedad y de todos los valores, tan propia de la torpemente llamada posmodernidad.

No es sorpresivo sino comprensible y hasta consecuente que tras la oración de Oscar Wilde aparezca otra frase-clave como columna vertebral de Bitácoras de soledad: «Cualquier ficción no es más que una realidad en espera de su legítimo dueño.»

El hombre ha procurado para sí, para su tranquilidad, un conocimiento que quisiera absoluto del silencio que lo rodea. Empezó por estudiar las estrellas, luego el mundo que habitaba, y por último el mundo que lo habita. Es curioso que no hubiera comenzado por aquello que tiene más cerca: a sí mismo. Con el paso de los siglos ya no miraba estrellas sino sistemas solares, ya no se concentraba en el valle o en el bosque sino en árboles y en hojas para clasificarlas, ya no veía a los otros hombres como parte del paisaje sino los órganos dentro del cuerpo humano. De la materia pasó a la célula, a los quarks, a los taquiones, y de ahí a la energía y a la nada.

En nuestros días padecemos esa histeria colectiva por el reduccionismo y la especialización; el médico ya no sabe curar un cuerpo cuyo funcionamiento se rige por un orden implicado en su totalidad biológica, ahora existen diferentes clases de médicos, entendidos en el hígado, las venas, el corazón, en un dedo, la uña, como si el cuerpo humano no fuera una unidad indivisible en su funcionamiento para la vida. Esto mismo pasa con nuestra manera de percibir el mundo en el que vivimos. Vemos el árbol, pero no tomamos en cuenta el bosque. Igual ocurre con los astrónomos, en realidad con casi todos los quehaceres que realiza el hombre: mira un fragmento de la realidad y de la vida olvidándose del conjunto, como si vivir fuera un rompecabezas del que hay que ir juntando las piezas en el camino.

La vida es una sola, lo afirmo contra Oscar Wilde y contra toda esa absurda confusión divisoria; la vida, repito, es un único movimiento, que incluye el hecho de la muerte. Al colocarnos las anteojeras laterales del conocimiento limítrofe, hemos perdido de vista la totalidad de la vida, y algo más grave: no sólo caímos ya en el pozo de la especialización y el funcionalismo, sino en el olvido del ser.

De ahí que me guste lo que se insinúa como telón de fondo en Bitácoras de soledad, donde Jan Caballero, narrador y personaje central de esta novela escrita en siete cuentos, más que ir en busca de una ficción que le aguarda como única y posible realidad, se topa con su propio destino, o, como diría Ernesto Sabato, con su fatalidad, en tanto que la fatalidad es un hombre en busca de su propio destino.

El libro inicia con una posdata, como si Héctor Domingo quisiera llevarnos al escenario por la puerta trasera. Esto me hace pensar en que Héctor no desea para su obra espectadores pasivos, sentados cómodamente en sus butacas, delante de las escenas y lejos de los hechos. Los quiere en escena, y para ello busca que el lector participe como parte de la experiencia humana que va a relatarnos.

Sería un abuso de mi parte, contra el libro y contra el propio Héctor, si me pusiera a contar aquí los siete movimientos de la historia; insisto, no siete partes aisladas sino siete notas que forman un solo acorde. Baste con que el lector por venir sepa que Bitácoras de soledad es un valle compuesto de siete montañas, y que el libro va a mostrar el paisaje completo en siete fotografías, para que veamos en ellas, al final de la lectura, el conjunto del horizonte como una totalidad.

Héctor Domingo ha practicado en su primer libro un estilo cuya base es la sencillez; la historia que narra por medio de Jan Caballero se apoya en estos siete trazos dibujados con igual sencillez, con un dejo de candor e inocencia. Algunas veces podremos adivinar el final de algunas de estas historias breves, pero es sólo cuando recorremos las siete puntadas del bordado que podemos apreciar la única figura que contiene el tejido, figura que se revela o que se delata en el último tramo del volumen, titulado «El Zoológico Fantástico».

El impulso que mueve los hilos del drama narrado es el de la búsqueda y el enfrentamiento con una libertad que hoy nos parece tan poco probable que terminamos considerándola una ficción, como si decir «libertad» no fuera más que una ficción en espera de su legítimo dueño. Hay en estas páginas el entendimiento de una confusión, la del mundo mismo, sumido en un pozo sin agua que llamamos soledad o aislamiento, pero que no deja de ser una soledad violada por el pozo mismo. No veo soledades terribles ni comunicaciones frustradas en esta historias; veo, sí, la necesidad de un autor por describir el mundo una vez que ha empezado a asomarse fuera del pozo. Los personajes aparecen y desaparecen como ocurre cuando viajamos a bordo de un autobús o de un vagón de tren, tal y como sucede en la vida misma. Jan Caballero los capta, los registra, los describe, los identifica para componer el tablero del aislamiento en que se ve envuelto. Parece ignorar que, al haber salido del pozo, o en este caso de la zanja donde cae una ambulancia en el primer cuento, ha conseguido por primera vez mirar con los ojos de quien está en verdadera soledad: alone, all one, el todo en lo uno.

Héctor Domingo ha logrado en su primer ejercicio de escritura un estilo literario limpio, directo, entusiasmado por la belleza que las palabras procuran; me recuerda aquellas literaturas hoy poco frecuentadas, como la del francés Georges Duhamel, que a través de diarios o falsos diarios buscan mostrar con inocencia prístina, con amorosa candidez, la existencia de un hombre, o la de un grupo de seres humanos cuyo único propósito es vivir una vida, la suya propia, y que, en el esfuerzo, se enfrentan con un entorno, por momentos cómico, por momentos hostil y voraz, que también busca su lugar en la existencia, y que los sumerge en la sensación de estar experimentando una soledad colectiva. Por medio de personajes a veces entrañables, a veces desesperantes, Héctor Domingo nos regala en Bitácoras de soledad el dibujo de la vida tal y como lo haría un niño.

[Texto leído durante la presentación de Bitácoras de soledad en la FIL-Guadalajara, el día 4 de diciembre de 2009]

domingo 4 de octubre de 2009

Rompecabezas, de Blas Valdez

Rompecabezas, de Blas Valdez
Plaza y Valdés [*]
México. 2003
94 pp.




COSME ÁLVAREZ

En otro tiempo, el dadaísmo y después el surrealismo formularon la generosa esperanza de una nueva literatura cuya base fuera la escritura automática. La trilogía Los sonámbulos, de Hermann Broch —publicada entre 1931 y 1932— ya anunciaba desde entonces el final de los géneros literarios. Hoy la Internet ha comenzado a influir en la literatura de nuestro tiempo. Se trata, sin duda, de un recurso naciente que los escritores no tardaremos en explorar. El uso del correo electrónico ha hecho propicio, diríamos, un nuevo tipo de género epistolar, y en los llamados «chats» se permite y se estimula el intercambio a la vez universal y anónimo de palabras e ideales casi siempre sin sentido.

La apuesta de Broch había sido una revelación consciente, la del surrealismo una rebelión y una conjetura irreflexiva. La nueva circunstancia ofrecida por la tecnología se mantiene como un signo de interrogación para la literatura. Hay, sin embargo, un asunto inequívoco: desde Homero hasta nuestros días, la literatura misma demuestra que el género literario no ha dejado de ser la forma que el espíritu creador elige —si es que se trata de una elección deliberada— para expresar dos realidades consubstanciales: la del mundo y la de sí mismo.

Rompecabezas, de Blas Valdez, mezcla con gracia y acierto los elementos de la novela, el cuento corto, el poema, el guión de cine, la música rock y los recursos de la Internet. No es fortuito. El autor pertenece a una generación en crisis, saturada de información, que necesita más de la realidad que de la experiencia, de una realidad que no tiene género, que no cesa de transformarse, que estalla y se incendia cada día n el absurdo del detalle minucioso; una realidad, pues, sin experiencia, de la que finalmente es imposible reunir las piezas para construir el rompecabezas.

Los resultados de la influencia de la Internet en la literatura no habían sido notables hasta la aparición de Rompecabezas. Este volumen no sólo abre la puerta a lo que podría convertirse en un nuevo impulso literario, sino que, además, hace previsible la aparición de muchos libros que, en breve, nos referirán los pormenores virtuales de un mundo que día a día es menos real que inexistente.

Blas Valdez sabe esgrimir la intensa brevedad del relato corto: río que es mar en sí mismo, o también, breves corrientes de agua vigorosa que dan forma al río. En Restos de corazón (Fondo Editorial Tierra Adentro, 1998), su primer libro, hallamos el catálogo concentrado de su ironía sin consuelo. No son los temas del autor los que inquietan: es la realidad, que muestra oblicuamente el rompecabezas de un rostro sin facciones definidas; la realidad incesante que Blas Valdez prefiere desfigurar con el martillo de sus palabras para otorgarle el más hondo sentido de quien mira el mundo.

Micrós, Ciudad de México
21 de enero de 2002[*]
Este texto se utilizó en la cuarta de forros


NOTA:
El guión de la recién estrenada película "Amor, dolor y viceversa", debut cinematográfico de Alfonso Pineda-Ulloa, que protagonizan Bárbara Mori, Joaquín Cossío y Marina de Tavira, se basa en Rompecabezas, de Blas Valdez. La reseña del estreno puede leerse en el Blog "Biosstars International Blog de cine, teatro y cultura", escrita por Perla Schwartz
http://www.biosstars-mx.com/blogperla/2009/08/amor-dolor-y-viceversa-de-pasiones.html

La Guarida, Los Mochis
4 de octubre de 2009

domingo 30 de agosto de 2009

Vivo sueño [Fragmento del Canto IX]


Vivo sueño es un poema en nueve cantos; nueve poemas que forman un solo canto; un poema que engendra nueve textos y la historia del propio poema, que se conjuga en un solo espacio: el libro.

En el poema cada texto es un espacio, cada espacio contiene a los otros, los produce, los deriva, como en el sueño. Semejan la relación continua y fatal entre los espacios que el durmiente padece mientras sueña. Al final, todos los espacios desembocan en otro espacio: el del lector.






Vivo sueño, de Cosme Álvarez
Ediciones sin nombre.
CUADERNOS DE LA SALAMANDRA
México, 2006. 104 pp.




farsa el hombre en el légamo del lucro

padrote de la vida cotidiana,

farsa el nuevo hombre, huele a dinero,

huele al oro del vientre de la tierra,

Prometeo en su máquina de carne,

no hay sangre sino lucro en sus arterias,

no hay puntos cardenales, hay dinero,

el símbolo sagrado de este mundo;


farsa el hombre de cobre y excremento,

ha hecho de la vida la Gran Puta,

huele a cobre y a lucro, huele a cerdo,

calcula sus ganancias en estiércol,

los ojos en el dólar de la muerte,

la voz en el sonido de la ussuraa,

sonido gris que repta por el mundo,

limo que iguala el alma y la materia,

con pérdidas, ganancias, dividendos,

el hombre huele a cobre y excremento,

a cobre el empresario de la risa,

a cobre el escritor publicitario,

a cobre el mercader de la esperanza,

a cobre el ingeniero del engaño,

a cobre la sonrisa del banquero,

a cobre la cultura del esfuerzo,

a cobre el promotor de la persona,

a cobre los milagros del mercado,

a cobre el que cultiva fruta muerta,

a cobre el escultor de los metales,

a cobre los burócratas serviles,

a cobre el militar en la batalla,

a cobre la virtud del presidente,

a cobre el diputado en la asamblea,

a cobre los gurús de la noticia,

a cobre el abogado en los juzgados,

a cobre el que comercia con la vida,

a cobre el charlatán que mira dioses,

a cobre el analista de conciencias,

a cobre el bisturí del cirujano,

a cobre la terapia conductista,

a cobre los psicólogos de niños,

a cobre la receta del galeno,

a cobre los poetas que no estallan.


A cobre voy al mundo, estoy despierto,

la voz de la mirada ya no suena,

las alas de mis manos están rotas,

el ave de mi cuerpo se ha cansado.


[Micrós, D.F., 2003]

viernes 27 de marzo de 2009

CONGRESO “EDGAR A. POE: DOSCIENTOS AÑOS DESPUÉS”

ALBACETE, ESPAÑA, 3-6 FEBRERO 2009
Informe por Christopher Rollason, Ph.D, Metz, Francia

**
Se ha celebrado, entre el 3 y el 6 de febrero de 2009, el Congreso Internacional EDGAR A. POE:
DOSCIENTOS AÑOS DESPUÉS, en el marco de las conmemoraciones mundiales que acompañan
el bicentenario del nacimiento del célebre escritor estadounidense. Fue la Universidad de Castilla-La Mancha la que tuvo el privilegio de organizar este evento, en su campus de Albacete, y allí confluyeron estudiosos de Poe provenientes de buen número de universidades españolas, así como de otros países europeos, como también eminentes especialistas norteamericanos, siendo las conferencias plenarias y las ponencias dictadas en lengua castellana o inglesa.

El sitio oficial del congreso se encuentra en: http://www.uclm.es/ab/humanidades/0809/poe.asp, y un reportaje se puede hallar en el sitio del periódico local LA VERDAD: http://www.laverdad.es/albacete/20090204/cultura/alla-cuervo-20090204.html (Marcos Tévar, 'Poe, más allá del cuervo', 4 febrero 2009, p. 40). Las principales organizadoras, de parte de la Universidad anfitriona, fueron Beatriz González Moreno y Margarita Rigal Aragón, ambas especializadas en Poe y literaturas afines.

También yo, autor de esta nota, estuve presente dictando una ponencia titulada 'THE "CHARACTER OF PHANTASM": POE'S "THE FALL OF THE HOUSE OF USHER" AND BORGES' "TLÖN, UQBAR, ORBIS TERTIUS''', y hallándome citado en el reportaje de prensa
arriba mencionado. No obstante, no es mi intención substituir aquí mis comentarios por el programa oficial, al cual remito a l@s interesad@s, sino compartir unas impresiones más bien personales y, reconozco, incompletas.

La conferencia inaugural, del Dr José Antonio Gurpegui Palacios (Universidad de Alcalá), tomó
como tema 'Poe en el laberinto', y proporcionó una excelente introducción a la vida desasosegada y trágica del autor de 'The Raven'. La siguió la que dictó el Dr Scott Peeples (Associate Professor of English, College of Charleston, Carolina del Sur, y editor de la revista POE STUDIES), bajo el
llamativo título de 'Poe and Pain', señalando con elocuencia la presencia de situaciones de
sufrimiento en la producción literaria de Poe y analizando, en especial, el cuento 'The Pit and the
Pendulum', única obra del autor que luce la particularidad de ser ubicada en España (concretamente, en las mazmorras inquisitoriales de Toledo y, por ello, en la propia Castilla-La Mancha …).

Siempre bajo la rúbrica de conferencias plenarias, en 'Poe y Dickens: una historia de encuentros y desencuentros' el Dr. Fernando Galván (Catedrático del Departamento de Filología Moderna de la Universidad de Alcalá y actual Presidente de la European Society for the Study of English) les brindó a los presentes un panorama muy abarcativo y completo del apasionante tema de la compleja relación literaria y personal entre dos de los escritores más destacados del mundo anglosajón del siglo XIX; la Dra Barbara Cantalupo (Associate Professor of English, Pennsylvania State University, Filadelfia, y editora de la EDGAR ALLAN POE REVIEW), sacó a luz varios aspectos de 'Poe and the Visual Arts', sobretodo relacionados con la Nueva York de su época; y, finalmente, la conferencia de clausura la pronunció el Dr Antonio Ballesteros González (Universidad Nacional de Educación a Distancia, Madrid), sobre el tema 'Un cierto sentido de la irrealidad: Poe y sus dobles', desvelando con erudición y pasión múltiples facetas de tan relevante aspecto de la obra poeiana, con énfasis particular en el relato 'William Wilson', canónico en dicho marco.

Destacamos, igualmente, la mesa redonda, presidida por el Dr Santiago Rodríguez Guerrero-Strachan (Universidad de Valladolid) y contando con la presencia de José Ramón Ibáñez
(Universidad de Almería) y Emilio Cañadas (Universidad Alfonso X El Sabio, Madrid) sobre 'La
larga sombra de Edgar Allan Poe en España en el siglo XX', en la cual se desarrolló un animado
debate sobre la presencia (marcada) del maestro norteamericano en la moderna literatura peninsular.

Las varias sesiones de ponencias abarcaron una amplia gama de aspectos, textuales, intertextuales y teóricos, de la obra de Poe. Al ser imposible presenciar todas las ponencias debido a su organización en sesiones paralelas, esta crónica destacará sólo algunas, sin querer de manera alguna minusvalorar las restantes. Me permito, así, señalar, haciendo hincapié especial si bien no exclusivo en la vertiente comparatista, las siguientes: ''The Assignation': cita entre lo clásico y lo gótico' (de Ana González-Rivas Fernández, Universidad Complutense de Madrid); '''A Book that Does Not Permit Itself to Be Read": Poe's "Narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucket"' and the Problem of Epistemology' (de Jennifer Cook, Bentley University, Massachusetts); 'Edgar Allan Poe and Charles Baudelaire: the Artist as the Elite Victim' (de Sonya Isaak, estadounidense afiliada a la Universidad de Heidelberg); y, desde la óptica de la presencia poeiana en las letras hispanas, 'La influencia de Poe en las "Leyendas" de Bécquer' (de Ricardo Marín Ruiz, Universidad de Castilla-La Mancha), así como mi propia aportación, arriba mencionada, sobre Poe y Borges.

Completaron el evento una representación teatral inspirada en el relato de Poe 'The Tell-Tale Heart', y un breve recital de textos de Poe, interpretados por el irlandés Patrick Donohue.

A lo largo de los cuatro días fue notable el ambiente de entusiasmo y camaradería intelectual que se fue creando entre los participantes, y al final quedó eminentemente claro que este congreso ha
constituido un hito en el desarrollo del diálogo sobre estudios poeianos entre especialistas hispanos y no hispanos. En este marco, le complace al autor de esta breve crónica recordar a sus lectores que muy pronto, entre el 21 y el 23 de mayo de 2009, se celebrará, en la Universidad de Alcalá de Henares y bajo el título 'POE PRESENTE EN EL SIGLO DE LA ANSIEDAD', un segundo congreso consagrado al bicentenario de Poe - datos: http://www.iuien-uah.net/index.php?option=com_content&task=view&id=1595&Itemid=793 -,
el cual, seguramente, marcará otro gran paso adelante para el afianzamiento y ensanchamiento en el ámbito hispano de los estudios de la extraordinaria obra del autor de 'The Cask of Amontillado'.

Blog: http://spaces.msn.com/members/christopherrollason/Website: www.geocities.com/christopherrollason/

miércoles 17 de diciembre de 2008

PROTESTA ANTE UN ACTO DE CENSURA OFICIAL

El diario El País de Madrid ha iniciado la publicación de una serie de antologías de los más renombrados poetas hispanoamericanos, bajo la dirección de José Manuel Caballero Bonald. Entre los poetas escogidos para tener un libro en esta serie, se hallaba el nicaragüense Carlos Martínez Rivas (1924-1998), y el prólogo correspondiente fue encargado a su compatriota Sergio Ramírez.

El gobierno de Nicaragua, que reclama ser dueño de los derechos de autor del poeta fallecido, ha vetado a Sergio Ramírez como prologuista, condicionando la autorización de la publicación de la obra a que sea sustituido. Tanto el diario El País, como el propio Caballero Bonald, han rechazado esta pretensión, y en consecuencia la antología de Martínez Rivas ha sido retirada de la serie, con lo que su espléndida poesía es impedida, por causa de una acción arbitraria, de llegar a decenas de miles de lectores.

Los participantes en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que firmamos este pronunciamiento, denunciamos este inaudito acto de censura oficial al escritor Sergio Ramírez, que de paso lo es a la obra de Carlos Martínez Rivas, y lo condenamos con toda energía. Ningún gobierno puede arrogarse la potestad de vetar o prohibir la palabra de un escritor, y un acto semejante no puede calificarse sino de totalitario.

Invitamos a otros escritores, intelectuales, artistas, periodistas y editores, a sumarse a este pronunciamiento.
Guadalajara, diciembre de 2008.

(Los nombres aparecen en el orden en que las adhesiones se han sumado)

Gabriel García Márquez (escritor, Colombia)
Carlos Fuentes (escritor, México)
Fernando Savater (filósofo, España)
Juan Gelman (poeta, Uruguay)
Gonzalo Celorio (escritor, México)
Tomás Eloy Martínez (escritor, Argentina)
Carlos Monsivais (escritor, México)
Joaquín Sabina (cantautor, España)
Ángeles Mastreta (escritora, México)
Basilio Baltasar (escritor, España)
Antonio Skarmeta (escritor, Chile)
Luis Yánez (eurodiputado socialista, España)
Héctor Aguilar Camín (escritor, México)
Luisa Valenzuela (escritora, Argentina)
Eliseo Alberto (escritor, Cuba)
Adolfo Castañón (escritor, México)
Julio Ortega (Universidad de Brown; crítico literario, Perú)
Rosa Regás (escritora, España)
Marco Antonio Campos (poeta, México)
Ariel Dorfman (Universidad de Duke; Chile)
Santiago Roncagliolo (escritor, Perú)
Margot Glantz (escritora, México)
Jorge Volpi (escritor, México)
Sealtiel Alatriste (escritor, México)
Francisco Goldberg (escritor, Guatemala/Estados Unidos)
Hernán Lara Zavala (escritor, México)
Héctor Abad Faciolince (escritor, Colombia)
Alberto Ruy-Sánchez (escritor, México)
Natalio Botana (periodista, Argentina)
Carlos Franz (escritor, Chile)
Rogelio García Lupo (periodista Argentina)
Hermenegildo Sabat (periodista, Uruguay)
Rosa Conde (socióloga, España)
Alma Guillermo Pietro (periodista, México)
Nuria Amat (escritora, España)
Marcelo Uribe (escritor, México)
Luis García Montero (escritor, España)
Carmen Boullosa (escritora, México)
Carla Guelfenbein (escritora, Chile)
José Miguel Oviedo (crítico literario, Perú)
José Claudio Escribano (periodista, Argentina)
Juan Gabriel Vásquez (escritor, Colombia)
Xavier Velasco (escritor, México)
Almudena Grandes (novelista, España)
Arturo Lafontaine (escritor, Chile)
Horacio Castellanos Moya (escritor, El Salvador)
Carlos Wynter (escritor, Panamá)
Luis Rafael Sánchez (escritor, Puerto Rico)
Gioconda Belli (escritora, Nicaragua)
Ignacio Solares (escritor, México)
Edgardo Rodríguez Juliá (escritor, Puerto Rico)
Rafael Rojas (escritor, Cuba)
William Ospina (escritor, Colombia)
Héctor Feliciano (escritor, Puerto Rico)
Gumersindo Lafuente (periodista, España)
Samuel Rovinski (escritor, Costa Rica)
Rosental Calmon Alves (periodista, Brasil)
Ricardo Corredor (periodista, Colombia)
Vittorio Colombo (académico, Italia)
José Carlos Rovira (escritor, España)
Arturo Echavarría (crítico literario, Puerto Rico)
Sergio Michilini (pintor, Italia)
Noé Jitrik (escritor, Argentina)
Seymour Menton (Universidad de California, Irving; Estados Unidos)
Mayra Santos (escritora, Puerto Rico)
Jens Lohmann (Presidente del Pen Dinamarca)
Benjamín Prado (escritor, España)
Abraham Nuncio (escritor, México)
Arcadio Diaz Quiñónez (Princeton University; Puerto Rico)
Daniel Riera (periodista, Argentina)
Alba Scar (Western Connecticut State University, Estados Unidos)
Antonio López Ortega (periodista, Venezuela)
Sheila Candelario (Fairfield University; Puerto Rico)
Francisco Solares Larrave (Universidad de Illinois; Guatemala)
Javier Campos (Universidad de Fairfield; Chile)
P. Ángel Darío Carrero (escritor, Puerto Rico)
Carlos Meneses (escritor, Perú)
Hermann Schulz (editor, Alemania)
Arturo Arias (escritor, Guatemala)
Luce López-Baralt (Puerto Rico)
Francis Pisani (periodista, Francia)
Victoria De Stefano (escritora, Venezuela)
Cristina Peri Rossi (escritora, Uruguay)
Mercedes López-Baralty (crítica literaria, Puerto Rico)
Clara Sánchez (escritora, España)
Antonio Melis (escritor, Italia)
Luis Marcelino Gómez (Universidad de North Caroline; Cuba)
Agata Orzeszek Sujak (traductora, Polonia)
Alexis Márquez (escritor, Venezuela)
Fernando Valverde (poeta, España)
Alicia Borinsky (Universidad de Boston; Argentina)
Miguel Ángel Herrera (crítico literario, Costa Rica)
Edmundo Paz Soldán (novelista, Bolivia)
Gloria Guardia de Alfaro (Vice Presidenta Pen Internacional; Panamá)
Edda Armas (Presidenta del Pen Venezuela)
Festival Internacional de Poesía Ciudad de Granada (España)
Román Piña Vals (escritor, España)
Hortensia Campanella (escritora, Uruguay)
María Lourdes Cortés (cineasta, Cinergia, Costa Rica)
Daniel Rodríguez Moya (poeta, España)
Raquel Huerta Nava (poeta, México)
Freddy Lepage Scribani (periodista, Venezuela)
Julio Mendivil (musicólogo, Universidad de Colonia; Perú)
Emilio Figueredo (periodista, Venezuela)
Francisco Pérez de Antón (escritor, Guatemala)
Luis Beiro (periodista, República Dominicana)
Miguel Ríos (cantante, España)
Milena Rosales (poeta, España)
Carlos Cortés (novelista, Costa Rica)
José Carlos Rosales (poeta, España)
Jorge F. Hernández (poeta, México)
Miguel Huezo Mixco (escritor y editor, El Salvador)
Mecker G. Möller (Universidad de Nebraska; Estados Unidos)
Carlos Armando Figueredo (periodista, Venezuela)
Ricardo Silva Romero (escritor, Colombia)
Daniel Centeno (escritor, Venezuela)
Jaime Ordóñez (sociólogo, Costa Rica)
Nathalie Besse (investigadora literaria, Francia)
Erick Rivera (periodista, El Salvador)
Cecilia Palma Jara (escritora, Chile)
Roberto Díaz Castillo (escritor, Guatemala)
Ana Gabriel (escritora, México)
Ione Carvahlo (activista cultural, Brasil)
Juan Cameron (poeta, Chile)
Leda García (poeta, Costa Rica)
Winston Manrique Sandoval (periodista cultural, España)
Juan Carlos Gómez Recinos, escritor, (México)
Manuel Castro Rodríguez (periodista, Panamá)
David Unger (City College, Nueva York)
Francisco Javier Sancho Mas (escritor, España)
Soledad Altamirano Murillo (poeta, Honduras)
Ricardo Alfaro (jurista, Panamá)
Ruth Toledano (periodista, España)
Francesc Puértolas (escritor, España)
Roberto Lovera De-Sola (critico literario, Venezuela)
Jacinta Escudos (escritora, El Salvador)
Gisela Kozak (escritora, Venezuela)
Ilca López (cantante lírica, Puerto Rico)
Juan Antonio Medina (Universidad Pedagógica, Honduras)
Raúl Figueroa Sarti (escritor, Guatemala)
Luis Cárcamo Huechante (Universidad de Harvard; Perú)
Erick Nepomuceno (escritor, Brasil)
June Erlick (Universidad de Harvard; Estados Unidos)
Sylvia Molloy (Universidad de Nueva York; Argentina)
José Javier Villarreal (poeta, México)
Guillermo Jaim Etcheverry (académico, Argentina)
Lucrecia Méndez de Penedo (escritora, Guatemala)
Marisol Palés (editora, España)
Roberto Cohen (escritor, Estados Unidos)
Thelma Nava (poeta, México)
Peter Hattink (periodista, Bélgica)
Oscar Castillo Rojas (editor, Costa Rica)
Saúl Sosnowski (Universidad de Maryland; Argentina)
José Zepeda (periodista, Holanda)
Rafael Cadenas (escritor, Venezuela)
Anabella Giracca (escritora, Guatemala)
Minerva Villarreal (poeta, México)
Rafael Ángel Herra (filósofo Costa Rica)
Daniel Santoro (periodista, Argentina)
Iosu Perales (periodista, España)
Julieta Dobles (escritora, Costa Rica)
Jaime Francisco Barba (escritor, El Salvador)
Oscar Castillo (cineasta, Costa Rica)
Héctor Perea (escritor, México)
Francisco Alarcón (poeta, Venezuela)
Ricardo Bada (escritor, España/Alemania)
Julia Ardón (comunicadora, fotógrafa, Costa Rica)
Arabella Salaverry (escritora y actriz, Costa Rica)
Magda Zavala (escritora,Costa Rica)
Carmen González Huguet (escritora, El Salvador)
René E. Rodas (poeta, El Salvador)
María Cristina Orantes (poeta, El Salvador)
Dina Posada (escritora, El Salvador)
María Eugenia Caseiro (escritora, Cuba-USA)
Ernesto Kahan (Escritor y profesor universitario, Argentina /Israel)
Gloria Dávila Espinoza (poeta, escritora y teatrista,Perú)
Ernesto R. del Valle (Poeta-Editor. Cuba-USA)
Luis E. Prieto Vázquez (Escritor, médico, Madrid-España)
Mariana Bernárdez (poeta, México)
Enzia Verduchi (poeta, México)
Cosme Álvarez (poeta, México)
Débora Holtz (editora de poesía, México)

lunes 18 de agosto de 2008

El loco en el Tarot

TANIA TURNER

Vacío. Hoyo negro que abre fauces como animal hambriento y me devora. En abismos espirales gira mi cuerpo y la caída parece tan abrupta, rápida… tan larga que ya no me percibo. A veces creo que, en realidad, me elevo o estoy estática en un punto.

10… llena de mí…
completa
9… porque soy…
era
8… pienso…
un pensamiento
7… siento…
el alma
6… existo porque…
consciente
5… el movimiento…
en el tiempo
4… me materializa…
con límite corpóreo en el abismo
3… en relación…
definida por dos puntos
2… que no soy el otro…
distinguía
1… un punto tan sólo…
indefinible
0… en el vacío…
vibrante, ¿espacio? La Nada.

El Cero, el Loco, tonto o anormal. Automarginada, rebelde. La sociedad creó un espacio para mí: el abismo que envenenará a otros que gustarán caer junto conmigo hacia los linderos de un mundo salvaje. Cada vez serán más los enfermos seguidores y el abismo se hará civilizado y viejo con las normas caóticas de un vacío que se recrea para volver a echarme.

Volverán a repudiarme por no querer seguir sus leyes y vaciarme hasta llegar a cero. Otra vez tonta y anormal. La loca que un día fue su salvadora y que se torna nuevamente en su ponzoña.

10…9…8…7…6…5…4…3…2…1…0

El punto se dispersa. Luz ilimitada, luz total, la nada. Soy el vacío que todo lo contiene como la materia prima del filósofo. No valgo nada, pues nada soy; pero en mí se concentra la espiral del Universo y todo lo contengo.

Soy diez números inexistentes, porque aún no tengo madre, ni padre, ni me ha dado vida la palabra. Llevo dentro de mí todos los caminos, raíces del árbol que me hará Ser Uno. Mas por ahora soy la suma de uno menos uno. El Vacío, el Cero… el Loco.

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Se debe entender el Tarot, más allá que como un simple oráculo, como un sistema de pensamiento; varios conceptos deben ser aprehendidos e internados al cuerpo desde el conocimiento antiguo, intentando sustraerse del razonamiento actual. Los sistemas involucrados con el Tarot y el Tarot mismo son elementos vivos que cambian y se expresan en el momento del observador y desde el observador mismo.

Habría que despojarnos de los prejuicios e internarnos en el pensamiento de la antigüedad para aprehender, más que entender, e internalizar de un modo sensorial la manera de ver el Universo y sus fuerzas sobre el género humano.

Como sistema de pensamiento, el Tarot se creó para entender la Naturaleza, sus efectos, y la manera de manipular sus fuerzas. Puede ser aplicado a cualquier área o disciplina, puesto que se basa en que toda parte de la Creación y productos de la misma se rigen bajo la misma fórmula general desde antes de la concepción de la idea hasta la conclusión de la misma.

Las variaciones de expresión, aunque contradictorias en apariencia, deben llevar a una aprehensión intuitiva del símbolo por la sublimación y trascendencia del intelecto. El estudio de las cartas tiene como deber más importante el entrenamiento de la mente a pensar clara y coherentemente de una manera exaltada.

El Tarot se basa en el Árbol de la Vida de la Cábala: sistema de diez globos unidos por 22 caminos; cada globo y camino se corresponde con una letra hebrea y un valor numérico. Los términos por separado no tienen significado en sí mismos, sólo pueden ser entendidos en términos de los otros, y juntos marcan el posible principio del Universo y la Creación.

Al entender el sistema, se cree que uno puede adelantarse a los hechos (que no adivinar el futuro) si uno localiza correctamente el momento en el que se encuentra tal o cual situación, puesto que, como sistema numérico exacto, el 2 siempre seguirá al 1, el 3 al 2, y así sucesivamente, en un orden natural.

La figura es rodeada por tres círculos que corresponden a la Nada Total, la Nada Iluminada y la Nada Ilimitada. Las tres formas del Cero hasta la posible vibración que iniciará el proceso de existencia para completar al Ser.

La única forma de describir la idea de Nada sin destruir su identidad es representarla bajo la forma matemática (+1-1), que hace referencia a Positivo-Negativo, Activo-Pasivo, Yang-Yin, Padre-Madre, Masculino-Femenino, etc… Uno sin otro no pueden ser definidos.

El resultado es El Vacío que se contiene a sí mismo o contiene al Todo inexpresado o en potencia, el inicio. Es el Cero, el Loco, la primera carta del mazo de Tarot. Llamado también The Fool, Le Mat, El Hombre Verde, etc… según las diferentes corrientes que han adoptado el Tarot como sistema de pensamiento.

¿Cuál es el significado de El Loco en el Tarot? ¿Por qué fue escogido para representar el Vacío, el Cero, el principio de todo?

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Una fórmula importante para entender el Tarot y sus energías es la del Tetragramatón. De una manera superficial, son cuatro fuerzas que otorgan y reciben energía, abriendo y cerrando un ciclo en constante movimiento. Se explica como: la unión del Padre y la Madre (conceptos entendidos como significantes de los aspectos femenino y masculino primarios) produce gemelos. El hijo va hacia la hija, ésta devuelve la energía al Padre. Este ciclo de cambio asegura la estabilidad y eternidad del Universo.

En el Matriarcado, la sucesión del trono era a través de la hija del Rey. El rey no obtenía su título por herencia, si no por conquista. El sistema aseguraba la virilidad y capacidad del soberano. En las dinastías más estables, el nuevo rey era siempre un extranjero, quien debía ganarse a su consorte en competencia abierta; muchas veces era un trovador con imagen repulsiva, calificado como “tonto” o “loco”.

En muchos lugares se cree que los locos están poseídos, calificados de santos o profetas. En algunas tradiciones, recibe un respeto especial, pues puede ser éste quien traiga “el mensaje divino de salvación”.

Para los Celtas, la salvación no se obtiene de un modo razonable, puesto que la razón (dentro de un pensamiento místico) es un impasse, una condenación. Sólo la locura divina (la inspiración) es la luz al final del túnel.

Sin embargo, “el salvador” no puede ser común. En diferentes tradiciones encontramos rasgos similares del personaje: su padre y madre no pueden ser ordinarios; su unión debe presentarse anormal, casi accidental o misteriosa. El mejor ejemplo es Jesucristo, “hijo de Dios y María, la Virgen”. Jesús es el Salvador para la religión cristiana-católica, calificado como “un loco”, que se manejaba fuera de los parámetros existentes, queriendo implantar nuevas creencias y que, al final, fue el principio de toda una doctrina religiosa que sigue hasta nuestros tiempos. Es el Loco.

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Los ejemplos son innumerables en la mitología griega. El caso mejor descrito como representación de “el Loco” es Dionisos.

Se dice que Semele, madre de Dionisos, fue visitada por Zeus bajo la forma de un rayo luminoso que la destruyó instantáneamente; sin embargo, Zeus salvó al niño a tiempo, escondiéndolo en su muslo hasta la pubertad. Hera, en venganza por la infidelidad de su esposo, cuando encontró al joven desprotegido lo enloqueció.

La leyenda habla de Dionisos como un ser de doble naturaleza, más bisexual que hermafrodita. Su locura se muestra como una fase de intoxicación. La representación de este dios fue elegida por su cualidad de joven y viril, pero afeminado (nos muestra los dos aspectos que armonizan el Todo). En el curso de los siglos, la idea se fue degradando, otras ideas se unieron a la original; en parte por su carácter orgiástico.

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Aunque más metafórica y simbólica, la representación de Harpócrates en la mitología egipcia nos da otra luz de entendimiento sobre la carta.

Harpócrates es el dios del Silencio, un bebé inocente que aún no nace. Es la promesa de la luz en el amanecer. Un rizo de cabello negro se enrosca en su oreja, representando al ser supremo descendiendo sobre el Chakra Brahmarandra. El oído es el vehículo de Akasha (el Espíritu).

El pulgar del niño está sobre su labio superior, enfatizando el poder del silencio, o la doctrina de Eheieh: “Yo debo ser” (en referencia a que no es, pero que está contenido en sí mismo, pues será). No ha nacido, está dentro de un huevo azul que reposa sobre un loto que crece en el Nilo, la casa de Sebek, el dios cocodrilo.

El cocodrilo es un símbolo importante; por un lado es el devorador (principio esencial para los iniciados); por otro, es un ser místico puesto que, al no entender su manera de reproducción, se creía que lo hacía por la intervención del viento (referencia al principio de creación, según Anaxímenes).

Hay una identificación entre el creador y el destructor. En la mitología hindú, Shiva cumple esas dos funciones. Para los iniciados, el acto de devorar es equivalente a la iniciación. “Mi alma ha sido tragada por Dios”, dicen.

Harpócrates es el símbolo del Amanecer en el Nilo y del fenómeno fisiológico que acompaña el acto de despertar. Él es también la absorción mística del trabajo de creación, la He final en la fórmula del Tetragrámaton, la Hé que puede ser transmutada (al ser devorada) y, entonces, reaparecer como el Yod original (el retorno al Cero Cabalístico). Harpócrates es inmune a cualquier ataque por su inocencia; en esta inocencia hay absoluto silencio.

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El Loco abre manos y piernas, flotando en el aire. Coronado por los cuernos de Dionisos que enmarcan un cono fálico iluminado en blanco,, entra inesperadamente al mundo. Verde es su vestimenta, sus zapatos son de sol. Su mano derecha levanta la pirámide del Padre; de su hombro izquierdo cuelga un racimo de uvas rojas que emanan espirales de color, cubriéndolo con la forma del Universo. El tigre lo ataca por detrás y, bajo sus pies, en el Nilo, lo espera el cocodrilo para devorarlo.

La imagen describe la primera carta de un mazo de Tarot medieval: El Loco. A esta carta se le atribuye la letra Aleph del alfabeto hebreo, que significa buey. Es la primera de las tres letras madres: Aleph, Mem y Shin, mismas que corresponden de modos entretejidos a todas las triadas místicas, a saber: Fuego, Agua, Aire; Padre, Madre, Hijo; Azufre, Sal, Mercurio; Rajas, Sattvas, Tamas. Su número debe ser 0, representando así lo Negativo del Árbol de la Vida, la Ecuación del Universo, el balance inicial y final de los opuestos. El Aire en esta carta, quintaesencialmente, significa vacío.

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El Loco se muestra, pues, como “el Otro”, aquel que “no es”, pues todavía no puede ser expresado. Se contiene a sí mismo y a todo a lo que él mismo dará inicio. Es el símbolo del cambio y el principio de “algo más” que no se entiende, ni se puede todavía siquiera imaginar. El Loco camina con inocencia, tampoco él sabe lo que vendrá por los caminos que ha tomado; él anda sin detenerse, como si fuera el Aire mismo el que lo guía; siendo el Aire, el Vacío que lo convierte en Cero al ser devorado por la Nada.

10… 9… 8… 7… 6… 5… 4… 3… 2… 1… 0

Vacío. Silencio. La Nada. Debo Ser…

El sueño de volar

TANIA TURNER

Como todos los días, despierto. Me deslizo por la cama, alargando mi humanidad hacia arriba, hacia abajo y a los lados. De repente, concientizo un dolorcito en mi espalda. Una presión, quizás. Me encorvo, sentándome en la cama y desplegando mis alas.

¿Alas?… Un momento, yo no tengo alas. Probablemente sigo soñando, pienso. Lo asumo y me despreocupo. Miro mis alas que, yendo en contra de los lugares comunes, se me presentan, en vez de blancas y emplumadas, grises y cartilaginosas. No lo entiendo, ¿acaso no debería soñarme con alas angelicales?

Es increíble, en vez de soñarme ángel, me sueño murciélago. ¿Qué demonios quiere decir eso? Tal vez los murciélagos son un símbolo importante. Un aviso. Debo encontrar su significado en mí. ¡Ya sé! El oído supersónico. Debe ser que debo estar alerta a escuchar un mensaje. Pero no, parece que mi “yo” onírico no tiene oído supersónico. ¡Malditos sueños incongruentes! Dejaré la hermenéutica un momento, además el acto interpretativo en el sueño es absurdo.

Me consuelo pensando que, en realidad, no soy un murciélago, sino una gárgola. Cosa curiosa que me consuele con este pensamiento. Tal vez, la cuestión es que soy nueva en esto y lo que pasa es que todas las alas en su primera aparición son así. Tendré que esperar a que me empiecen a crecer plumas, si es que éste es el proceso natural.

Me levanto y camino hacia el espejo para contemplarme. Es algo complicado medir las distancias ahora, y duele golpearse contra la pared. Bien. Todo mi cuerpo está igualito, la única diferencia es que tengo alas. No se ve tan mal. De hecho, aunque soy un fenómeno, soy uno bonito. Si es que esto puede ser posible.

Empiezo a percatarme de las ventajas que puede traer esto para mí. Independientemente de que podré evitar el pesado tránsito de la ciudad y la necesidad de probar el nuevo distribuidor vial, voy a poder verte cuando quiera y sin que nadie se dé cuenta. ¿Quién podría seguirme?
Las dificultades del baño con este cuerpo alado son obvias. Una de mis alas insiste en empujar la cortina de la regadera y hace que toda el agua se salga; la otra, se la pasa chocando contra la pared. Necesito un baño más grande. El problema mayor, sin duda, es la ropa. Pero lo resuelvo con cualquier trapo que, amarrado de determinada manera, bien puede pasar por un top de diseñador.

Es hora de probar esta nueva parte de mi cuerpo. Me encamino a la azotea, rehuyendo a mis vecinos. Ni quién se vuelva a mí: todos tienen prisa por llegar a sus respectivos automóviles. Un "buenos días" tirado al aire es lo acostumbrado para pasar desapercibida. Y funciona.

Tras varios intentos, he de decir, dolorosos, logro la coordinación necesaria. Una, dos, tres, ya estoy volando. Finalmente, esto tiene una función más allá de la estética. ¿Qué se hace con los brazos? Después de acomodarlos a mi costado, hacia el frente como Supermán y atados a mi espalda, me doy cuenta de que estorban y, aunque parezco un zancudo, los dejo caer hacia abajo. Igual las piernas. Ya haré abdominales para lograr la posición recta.

Definitivamente volar, aunque sea el lugar común más grande, es sentirse libre. Puedo disfrutar el viento acariciar mi cuerpo, aunque también el polvo meterse en mis ojos. Debí haberlo pensado antes y hacerme de unos lentes de aviador.

Un pájaro se estampa contra mí y me clava su pico en el costado. Sin embargo, mi masa corporal es mayor así que le gano la batalla sin ningún esfuerzo. Ya se había roto el cuello, de cualquier manera. Vienen más...

Después de ser la asesina y cuerpo del delito de un sin fin de pajaritos, tuve que arreglármelas con aves más fuertes y con mayor número de horas de vuelo, por tanto, más experimentadas. La experiencia fue terrible: sádicos alados decidieron que a mi cuerpo le faltaban agujeros, casi me da un infarto cuando se apareció un avión de la nada, o mejor decir, de la blancura de una nube mentirosa y cómplice de un claro intento de asesinato. Por cuestiones de decencia y pudor, no explicaré cómo me di cuenta de que los desechos del sanitario de los alados de hierro no desaparecen, sino que contribuyen a la contaminación urbana. Desperté palpando mi espalda, rogándole a Dios y a las deidades paganas que no me cumplan jamás el deseo de volar.

lunes 11 de agosto de 2008

Las horas del facebook

COSME ÁLVAREZ

El acto cotidiano de abrir el facebook se traduce en pasar largos minutos infértiles frente al ordenador; revela que la materia del insomnio no son las pesadillas sino que la verdadera pesadilla es carecer del impulso vital que en otro tiempo nos movía a buscar la vida de relación en las calles, donde además uno hallaba compañía, o bien soledad y refugio interior; vivir la vida en las calles significaba existir entre gente de carne hueso.

¿Hemos perdido nuestra porción de carne y nuestro tálamo de huesos? Tal vez. Nuestra época convive con dos episodios trágicos. El primero consiste en que el sexo ha encontrado morada en la mente de los hombres y no entre sus piernas; el segundo reside en el hecho de que la vida se ha vuelto más emocionante y viva a través del televisor y de los ordenadores que del vivir mismo. Más que un juicio moral, se trata de una apreciación objetiva de los horrores con los que convivimos cada día.

Escaparate pero también espejo, el facebook hace visible nuestro desdén por el tiempo. Sacrificamos minutos creadores en favor de la nada, somos tejedores de imágenes para los ojos ajenos. Si observar el televisor es sacrificar la porción de eternidad que le corresponde a nuestro ser, facebook, o cualquier otro programa mecánico, convierte nuestro cerebro en la rueca de lo infértil. El hombre se ha vuelto hilandera de imágenes.

miércoles 14 de mayo de 2008

Nuevos problemas en torno de un Premio Nacional de Poesía en México




En días recientes circuló por correo electrónico una carta de Jair Cortés dirigida "a la comunidad poética de México" que se titulaba Fraude Premio Efraín Huerta Tampico 2008, fechada el 11 de mayo del año en curso. A continuación, reproducimos textualmente los distintos comunicados en torno de esta polémica.

A LA COMUNIDAD POÉTICA DE MÉXICO
EN TORNO AL PREMIO NACIONAL DE POESÍA EFRAÍN HUERTA 2008
TAMPICO, TAMPS.

En meses pasados fui invitado por la Lic. Diana Zamora para formar parte del Jurado, junto con María Rivera y Lucía Rivadeneyra, del Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta 2008, convocado por el Gobierno de Tampico, Tamaulipas. Una vez reunidos en la casa de María Rivera el día 13 de abril, y después de una ardua deliberación, se decidió otorgarle, por unanimidad, el Premio al libro Envés de Cielo, firmado con el seudónimo "Un cocodrilo azul celeste". Al día siguiente, recibí un correo de María Rivera en donde comunicaba que, después de realizar investigaciones posteriores al fallo, detectó poemas del ganador, quien resultó ser Luis Armenta Malpica, publicados en internet y en una revista. Por lo anterior envié el siguiente correo a la organizadora: "

Estimada Diana Zamora
Organizadora del Premio nacional de Poesía Efraín Huerta 2008

Le comunico que, una vez terminada mi labor de dictaminación de los 123 libros que se presentaron al Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta 2008, me reuní el día 13 de abril en la Ciudad de México con Lucía Rivadeneyra y María Rivera, quienes junto conmigo, forman el jurado del mencionado premio. Terminada la sesión se firmó el acta de dictamen en donde por unanimidad se le otorgó el Premio al libro Envés de Cielo firmado con el seudónimo "Un cocodrilo azul celeste".

Si el procedimiento anterior es alterado, debo comunicarle que, ante el enrarecimiento, la suspicacia generada y la falta de garantía de que no se repita esta situación, decido retirarme del jurado y dejo asentado que no autorizo el uso de mi nombre para mencionar mi participación en un segundo dictamen que afecta gravemente la cláusula de "Fallo inapelable". Lo anterior por cuestiones éticas personales.

Agradezco su atención y le envío un saludo sincero

Jair Cortés-"

Luego, a manera de posdata, Jair agrega:

Consultando los resultados en internet me informo que no se me retiró del jurado tal como lo solicité, y aparezco avalando un dictamen que en ningún momento respaldé, ni con mi autorización ni con mi firma, y que se le entrega el Premio a un libro que no corresponde ni en título ni en seudónimo con el del acta que los tres jurados firmamos. En respuesta a esta situación envié, en días pasados, una carta al Lic. Óscar Rolando Pérez Inguanzo, Presidente Municipal de Tampico, Tamaulipas, así como a la Lic. Diana Zamora, organizadora del Premio, pidiendo se me de una explicación, la cual no se me ha presentado. Por lo tanto, para evitar ser involucrado en querellas posteriores relacionadas con este hecho, me deslindo públicamente de las decisiones tomadas por los otros dos miembros del jurado, así como por los organizadores del Premio, que pueden poner en riesgo el prestigio de tan importante Premio.

Jair Cortés

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Pocas horas después, Flora Isela Chacón, de El Diario de Chihuahua, le hizo saber a Jair Cortés su opinión. Este es el texto tal y como circuló en correo masivo:

me parece una situación grave, dado que hubo un proceso, un dictamen y un acta que respaldan la desición.

Sin embargo, a mí lo que me hace ruido es cómo habiéndose enterado de que el recién nombrado Premio aparecía publicado en Internet en fragmentos, se quedó tranquilo sólo pensando "yo ya dictaminé". No soy nadie para juzgar, pero ya que se me hace parte de esto, no sé ni cómo ni por qué, pues opino que ante la posibilidad de no ser un trabajo inédito ni anónimo, lo menos que había de hacerse, a reserva de los compromisos o la falta de tiempo o lo que sea; es llamar a una nueva junta y cerciorarse que en verdad poemas del libro estaban publicados; precisamente para no despertar la sospecha. Y sobre todo a partir de una experiencia un tanto cercana: hace dos años mi primer libro Si te cuento... concursó en una convocatoria para ser publicado, y bueno, ningún certamen, concurso o similar, puede estar exento de alguna circunstancia parecida. Desde aquí así se ve todo, por supuesto habría que estar en su situación para opinar con más cercanía. De cualquier manera reciba un saludo y la mejor de las suertes.

Flora Isela Chacón
El Diario de Chihuahua

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A partir del 13 de mayo, funcionarios de Tampico hicieron circular el siguiente correo durante dos días:

ACLARACIÓN EN TORNO AL PREMIO NACIONAL DE POESÍA EFRAÍN HUERTA 2008
TAMPICO, TAMAULIPAS

Debido a las recientes declaraciones del señor Jair Cortés me permito hacer las siguientes aclaraciones:

El Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta 2008 fue fallado el día 16 de abril del presente, y no el 13 de abril como señala Jair Cortés, tal como consta en el acta entregada por el Jurado Calificador a las autoridades del premio. El Jurado Calificador estuvo compuesto por María Rivera, Lucía Rivadeneyra y Jair Cortés.

El señor Jair Cortés en ningún momento se retiró del Jurado Calificador del Premio y nunca se recibió la carta que dice haber enviado. De haberla recibido se hubiera procedido en consecuencia y no se le hubieran pagado sus honorarios. Lo que sí solicitó el señor Cortés fue que se le exculpara de la última deliberación debido a que todos sus finalistas estaban descalificados pidiendo que se adujera algún pretexto como una supuesta enfermedad ante lo que la licenciada Diana Zamora se negó. El señor Cortés no se presentó a la última deliberación (se mostró ilocalizable ante el resto del Jurado) para seleccionar un ganador en estricto apego de la Convocatoria entre los finalistas convenidos y aceptó dar el fallo por mayoría (en ausencia) tal cual quedó asentado en el acta. De igual manera cobró sus honorarios a los pocos días de emitido el fallo e incluso se recibió, recientemente, su solicitud de una copia del recibo.

El libro ganador, declarado por mayoría, fue La piel firmado bajo el pseudónimo Marsias que correspondió al poeta yucateco José Díaz Cervera y no, como señala Cortés dolosamente al violar la secrecía a la que los miembros del Jurado están obligados, el libro Envés de cielo descalificado, junto con otros cuatro finalistas de notable calidad, debido a que incumplían la segunda cláusula de la Convocatoria que establece 'los concursantes deberán entregar un volumen de poemas inéditos'. Dicha descalificación ocurrió por consenso de las autoridades y el Jurado Calificador tras haber sido redactada una primer acta y antes de que ésta fuera enviada a las autoridades del premio. El día 13 de abril no se emitió ningún "fallo inapelable" debido a que no se recibió ninguna acta ni se develó plica alguna.

Dicha descalificación se llevó a cabo con la aprobación explícita y convenida de Jair Cortés la mañana del día 14 de abril en comunicación telefónica con Lucía Rivadeneyra y María Rivera señalándoles que el libro Envés de cielo debía descalificarse ya que dicha cláusula fue determinante para la descalificación de otros trabajos, argumento que utilizó en varias ocasiones frente a libros de los cuales él recordaba algún poema publicado. Incluso, se mostró renuente a apoyar la propuesta de María Rivera de hacer una sugerencia a la institución convocante para modificar dicha cláusula. Propuso, entonces, otorgar el Premio al segundo de sus finalistas (libro que también fue descartado por incumplir la cláusula segunda del Convocatoria ante la evidencia de que uno de los poemas del libro fue publicado por el mismo Cortés en la 'Muestra de poesía mexicana 1964-1985' preparada por Mario Bojórquez en la Revista Blanco Móvil #101, Primavera 2006 como consta en comunicación escrita de María Rivera del día 14 de abril). Dicha descalificación ocurrió en el ámbito de las deliberaciones del Jurado y es completamente indebido que el señor Cortés lo haga público vulnerando el anonimato bajo el cual concursan los autores al Premio.

Resulta del todo lamentable que el señor Cortés mienta respecto al proceso del fallo del Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta 2008, presente como ganador del Premio a un libro que él mismo descalificó e intente al mismo tiempo desacreditar el trabajo que de manera honesta y dedicada llevaron a cabo las jurados María Rivera y Lucía Rivadeneyra. Asimismo que intente envenenar un premio otorgado de manera honesta a un excelente libro queriendo poner en riesgo el prestigio del cual goza el Premio.

Sirva esta misiva también para extender una disculpa al autor del libro Envés de cielo por la falta de respeto de la que fue objeto.

Atentamente
Lic. Ekateriny Marón Nichols
Directora de Cultura del R. Ayuntamiento de Tampico

Lic. Diana Zamora Rodríguez
Subdirectora de Cultura

Anexo copia del recibo del depósito bancario de los honorarios del señor Jair Cortés.

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El 14 de mayo, Luis Vicente de Aguinaga hizo circular en correo masivo una nota titulada "Gravitación":

Perdonen lo sinuoso de mi verbo, que dijera un Gran Crítico, pero algo me dice que mi querido Jair Cortés echó el gargajo al aire y acabó recibiéndolo él mismo en la cabeza. Espero que la experiencia le sirva, como mínimo, para confirmar que la gravedad está regida por una ley universal.

L. V.

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domingo 20 de abril de 2008

Bienvenido, Juan Gelman


Premio Cervantes 2008 al poeta argentino Juan Gelman

COSME ÁLVAREZ

Es el poeta del dolor y de la risa, es el poeta de la palabra punzante; sus versos abren los ojos, exploran, dicen lo que los ojos no quieren volver a mirar. Es el poeta de la ternura y del llanto, es el poeta de la rabia y la esperanza; corazón, qué hemos hecho, si tan sólo nos dejaran latir. Dolor, no te rías; palabra, no me punces, ábreme los ojos; dicen que Juan Gelman ha venido hasta mi pueblo. Palabras, ábranme los oídos para mirarlo, el poeta ha estado en mi tierra. Lo supe, porque los ojos de la gente en la plazuela tienen ahora un mirar de amor ya no me duelas en la tierra, porque las bocas pronuncian ternura y dicen rabia en la hora de la muerte. Ha estado aquí, en mi pueblo; el poeta Juan Gelman, el poeta Juan, el poeta, él.

Juan Gelman nació en Buenos Aires, Argentina, el 3 de mayo de 1930. El barrio de Villa Crespo fue el escenario de su infancia. Comenzó a escribir a los once años de edad y vio, quizá con extrañeza, su primer poema impreso en las páginas de Rojo y Negro. A los 19 años se entregó de lleno al quehacer poético; en aquellos días subsistió como empleado, camionero y vendedor de autopartes, y fatalmente derivó en el periodismo. A los 24 años formó el grupo de poesía “El pan duro”, el cual, en 1956, le publicó Violín y otras cuestiones. Desde esos días a la fecha ha editado una treintena de libros, entre los que mencionaré Velorio del solo (1961), Cólera Buey (1965), Los poemas de Sydney West (1969), donde la poesía de Gelman muestra una nueva dirección; Relaciones (1973), Si dulcemente (1980), Hacia el sur (1982), La junta luz (1986).

En 1987 se imprime uno de sus grandes poemas: Carta a mi madre, incluido más tarde en la antología Pesar Todo. De lo que podría llamarse su nueva época, diré los títulos Salarios del impío (1993), Sombra de vuelta y de ida y Debí decir te amo, ambos de 1997. En este siglo 21 ha publicado Tantear la noche (2000), Valer la pena (2003) y País que fue será (2004).

De su vida personal sólo diré algunos datos. En 1963, la dictadura militar lo lleva a prisión. A los 45 años de edad abandona su país natal, amenazado por la Triple A. El golpe militar en la Argentina del 76 lo fuerza al exilio. En ese mismo, desgraciado año, la dictadura secuestra a sus hijos y a su nuera, embarazada de siete meses. En adelante, Juan Gelman vivirá exiliado en Roma, Madrid, Managua y París. En 1977, la cúpula del grupo Montoneros lo acusa de traición y lo condena a muerte. En 1980 obtiene el Premio Internacional de Poesía Mondello; en 1987 gana el Premio Boris Vian. Al año siguiente es absuelto de prisión y regresa a Argentina, luego de trece años de persecuciones. En 1997 recibe el Primer Premio Nacional de Poesía en Argentina. Tres años después encuentra a su nieta, luego de una búsqueda larga, intensa, desesperada; en ese año recibe el Premio Juan Rulfo de Literatura Iberoamericana y del Caribe. En 2004 obtiene el Premio Ramón López Velarde, y en 2005 es simultáneamente merecedor de los premios de Poesía Iberoamericana Pablo Neruda, el Internacional Nicolás Guillén y el Premio Sofía de Poesía Iberoamericana. En 2007 le otorgan el prestigiado Premio Cervantes de Literatura, recibido en 2008.

Para mí, Juan Gelman ha sido y es un poeta de visiones y de relaciones que exploran la experiencia humana con hondura, en versos algunas veces relámpago y otras cascada. A Juan yo lo siento cercano desde la distancia de la palabra impresa, pero también lo siento tan lejos, tan dolorosamente que huye inaprensible en una fuga de palabras que me dicen: ten cuidado, Cosme, el hombre aún no crecido a su altura de hombre; abrázalo, llévalo de la mano, pero no te mezcles con él porque es el animal que muerde la mano de la vida. Juan también dice, me dices: busca al hombre, alza la copa de Li-Po y, como el poeta chino, cuídate de no despertar a los moradores del cielo.

Juan Gelman, el poeta que ha dislocado el idioma para dar libertad a un nuevo lenguaje, el de la rabia amorosa, el de la risa que duele de no entender porqué, y para qué si estamos solos en el mundo. Pero no tan solos, querido Juan. Oí que has venido, que el poeta Juan Gelman ha venido a mi pueblo; me lo dice la fronda innumerable del árbol-animal: el macapul; me lo dicen los ojos que me observan mientras leo estas líneas para presentarte ante la gente buena, ojos que inundarán las calles de mi pueblo con la boca llena de Juan Gelman en el corazón.

Los veo, Juan; tu misterio nos ha invadido, a todos ellos, nosotros, que dijeron que el relámpago habitaba en la nube y no en la palabra, y las palabras de tus versos inesperados resuenan de mirar amor en la luz de los relámpagos. Y qué suerte saber que Juan ha venido a mi tierra. Él ha estado aquí, aquí estuviste, en mi pueblo; el poeta Juan Gelman, el poeta Juan, el poeta, él. Bienvenido, querido Juan Gelman.

Los Mochis, Sinaloa
15 de noviembre de 2006



Presentación de la obra poética de Juan Gelman, durante la 5ª Feria del Libro de Los Mochis.

En aquella ocasión, comenté que Gelman ha ganado prácticamente todos los premios importantes relacionados con la poesía; arriesgué también un vaticinio: dije que no tardarían en darle a Juan el Premio Cervantes de Literatura. Más aún: afirmé que no pasaría el año 2012 sin que Juan Gelman recibiera el Premio Nobel de Literatura.

jueves 27 de marzo de 2008

Quisiera saber menos de lo que ella escucha


MIGUELÁNGEL DÍAZ MONGES

No hay paz que deje de pagar pleno tributo al infierno.
-Malcolm Lowry

Por cuarta vez en media hora, Beatriz levantó la bocina. El tiempo se daba su tiempo. Sedaba su tiempo. Al otro lado de la línea sólo escuchó ese radio encendido que reproducía una pieza barroca interminable. Una pieza barroca muy larga y muy bella. Tediosa y acaramelada.

—¡Enrique! —gritó—. ¡Enrique! —Aunque sabía que su grito era inútil y empezaba a ser ingenuo, quizá histriónico, desde luego histérico. Dicho y pase, aunque lo mío no es analizar las actitudes de Beatriz. Tampoco las de Enrique o las mías.

Esta vez colgó con fuerza. Pensó obstinadamente, hasta la distracción. Quería levantar esa bocina y saber que alguien, del otro lado, había cortado la llamada y que le hablarían para darle la noticia que conocía perfectamente bien.´

"Veamos... Alcanzó a marcar su número —previó—. ¿De qué hablaron?" Hablar no, ni hablar. No hablaron. Música, pura y elocuente música. Una melodía armonizada con crueldad o algo así. Desde luego, no esperaba con ilusión esa llamada. Quizá era preferible la música. Generalmente lo es. No querría verse involucrada. No quisiera estarlo. Por eso, y con la exención del teléfono bloqueado, omitió dar aviso. "¿De qué?: No sé dónde está, no sé si es sólo un chantaje. Mejor que lo encuentren. Lo encontrarán, supongo. "

Le hubiera gustado sentir algo distinto a ese atosigante deber cívico. En ese momento prefería tener para Enrique algo que no pareciera moral, algo que indicara siquiera un poco de amor. Quisiera sentir, si no, algo intensamente moral: misericordia, culpa, “¡¿qué sé yo?!”.

Contra su sospecha, se despertó temprano pocas horas más tarde. Al otro lado de la línea la esperaba Beethoven, débil, como si no fuera él, como si algún gnomo particularmente afanoso hubiese inoculado languidez en sus acordes. Beatriz permaneció en silencio. Una sonata sin título recordable, más bien clásica; acaso no era Beethoven sino Mozart en un lapso maníaco.

—Enrique... Enrique... —un susurro llorón.

Encendió un cigarrillo. "No puedes haberme hecho esto." Al escuchar su propia voz, quebrada y tímida, tuvo una fugaz conciencia del absurdo, suficiente para mitigar por un instante su temor a la locura: "¿A quién le estoy hablando: al teléfono, al micrófono, a los cables? A Dios, creo que a Dios." entonces empezó a fingir, quizá sin darse cuenta: habló y rió como si la dominara un serio trastorno: “¡Estás loca, Beatriz, estás loca!”

Ni la risa siniestra ni la entonación de su trillado parlamento pudieron darle alguna seña de autenticidad, así que gritó a alguien o algo, al aparato:

—¡Enrique! ¡Enrique! ¡No puedes hacerme esto! —colgó con fuerza y aún entre las sábanas terminó ese cigarro.

***

Por la noche, contra mi costumbre de los martes, fui a verla. La encontré tan rara que le propuse hacer el amor. Ante su negativa le pedí rutinariamente, ya con el auricular en la mano, que me dejara hacer una llamada.

—No sirve el teléfono

—¿Cómo que no sirve?, está perfecto: nunca había oído un Debussy tan nítido.

—¡Déjame sola, por favor! ¡Vete! ¡Lárgate!

Sonrió mientras la abrazaba, congeló un instante su sonrisa y se deshizo de ella cuando mi lengua, lentamente, limpió de ávida humedad sus más ocultos labios. Cogimos sin emitir un solo sonido. No vi sus ojos. Se durmió al terminar o quizá antes. El caso es que aceptó inerte el jugueteo de mis dedos en su espalda.

***

“¿Qué ha de importarme si eres una puta o una santa; si me aborreces o me amas, o si soy capaz de quererte? Sólo he pretendido acostarme contigo. Eso es todo; nada más que eso. ¿Te resulto vulgar? Pues bien, querida: debo decirte que la franqueza es esencialmente vulgar; todo refinamiento es un ribete de hipocresía. ¿A qué llaman, en cambio, virilidad? ¿Qué me pedirías más viril que esta vulgar franqueza que te salva de expectativas ruines por improbables? Ya, ya: la moral exige que yo me convenza de que te amo. Permíteme entonces cruzar el río y acceder a la moralidad que pides para entregarte plenamente a un amante tan franco y viril como enamoradizo, tierno y perdurable.”

***

—Hablé con Enrique —me dijo precipitadamente mientras servía el café.

—¿Te habló o le hablaste?

—Me habló, no seas pendejo —dijo esto último con una voz cargada de tal pureza que parecía un piropo.

—¡¿Pero qué coño quiere ese necio?! —grité con furia e inmediatamente me respondí con insana honestidad—. El tuyo, claro.

—No fue, no es una llamada normal —siguió secamente.

—Sus llamadas nunca son normales –levanté la bocina y escuché unos cuantos trompetazos de Wagner—, pero debo reconocer que ésta es de lo más divertido que le conozco.

—Hazme un favor: vete. Perdón: ¡lárgate!

—¡Carajo!: ¿Cuál es el problema con la llamada de Enrique? ¿Te agrede, te amenaza?

—¡Qué va! Es incapaz de algo así.

—Ya aprenderá. Cuando decida convertirse en un buen amante.

—¿Puedes largarte de una vez?

—Tranquila, mujer, tranquila. Te comportas como si no te hubiera dado gusto mi visita.

—Distorsionas. Sólo eso.

—¿Debería sentirme responsable de que ese imbécil haya decidido convertirse en un pentagrama?

—No. Al menos no espero eso de ti.

—¿Quieres que venga en la noche?

—No quiero volver a verte.

—De acuerdo. Te hablo mañana.

—Dudo que puedas comunicarte.

—¿Piensas hablar con Enrique durante toda la semana?

—Probablemente sí.

—Entonces te hablo desde alguna estación de radio. No son tantas. Lo malo es que tienes que estar pendiente. --Me miró de tal forma que estuve tentado a llevármela a la cama otra vez.

—Si estás pensando en coger, olvídalo y lárgate.

—Hay suficiente café. Me quedaré otro rato.

—Haz lo que quieras. De preferencia irte.

—Antes dime qué te preocupa de esa llamada de Enrique.

—Nada.

—Claro está: Nada. No te agrede, no te amenaza. Ni siquiera habla.

—Es demasiado bueno para que tú lo entiendas.

—Demasiado bueno... ¿en la cama?

—Demasiado bueno. ¡Basta!

—Platícame, anda: ¿qué te pone así de alterada?, ¿que Enrique montó una radiodifusora telefónica y tú eres su primera escucha cautiva?

—Algo así —sonrió de una manera extraña y más bien benévola.

—Dime la verdad, ¿hablaste con Enrique?

—No. O sí, en cierta forma. De hecho sí.

—Estás muy metafísica.

—¿Metafísica, parapsicológica o rara? Enrique podría aclarárnoslo.

—¿Me estás dando celos?

—Sí, eso. Te quiero dar celos. Quisiera verte celoso. En eso estoy ahora, ésa es mi metafísica.

—¿Soy un idiota?

—Sí.

—¿Y Enrique?

—No.

—¿Quisieras tenerlo en tu cama en este momento?

—Sí —Me miró como si yo fuera un chaval y ella una puta.

—Eres una puta.

—Sí.

—Pues toma tu desayuno.

Algunos minutos magníficos. Se enjuagó la boca y las mejillas con un palmo de agua y me pidió seriamente que me fuera.

***

“¿Qué duda cabe de que un Hombre avasallado por los celos o carcomido por el despecho es capaz de destruirlo todo con el único fin de conseguir lo que su débil carácter le impide: destruirse —mediata o inmediatamente— a sí mismo, con todos los demonios que lo gobiernan? Hay mérito en la justicia por propia mano, siempre que el ajusticiado sea uno mismo.”

***

Beatriz pasó ese día dormida. A ratos despertaba, descolgaba la bocina; la música seguía ahí. Cerca de las seis oyó unos acordes de autor irreconocible. Escuchó morbosamente. Aquello era horrible. Colgó. Había oscurecido. Se sintió grata, tranquilamente deprimida. Le vendría bien una amiga o un amante que en ese momento le preparara algo de cenar, o la apapachara, o le hiciera el amor de cierta forma, no estaba segura: cerrar los ojos, separar las piernas y tal vez dormirse mucho tiempo entregada a algo suave —placer le pareció entonces una palabra suave—, a cambio de nada más que eso mismo que le hubiera gustado: algo más cautivador, más sencillo, más fácil y menos exigente que un cigarro.

A la madrugada, un insomnio sereno la llevó a levantar la bocina. Enrique, magnánimo, le dio el largo dormir sugerido por el implorado carácter de Brahms. La mano en la entrepierna depuró el barullo del deseo. Despertó con la idea de imitar a Enrique. Cuando llegué, ataba el auricular a la bocina del radio. En su cama no parecían estar el teléfono, Enrique ni ella misma. La música, vertida en el aparato telefónico, no acompañó esos minutos de olvido, recuerdo o presencia. Me fui pronto: no quería estorbarle. Quizá por piedad, me limité a asegurarme de que el teléfono estuviera bien asido al radio, que no escuchara más que su propia voz, engalanada, al irme, por una pieza extraña e inidentificable para mí, que tampoco tengo por qué saberlo todo.

martes 11 de marzo de 2008

De qué hablan los poetas

COSME ÁLVAREZ

Para responder a la pregunta que interroga de qué hablan los poetas, deberíamos al menos saber qué es un poema, tener una idea que facilite entender qué es la poesía y, de ser posible, uno o varios diccionarios que nos revelen la raíz y el significado de la palabra. Preguntar si la poesía existe fuera del poema nos llevaría a una discusión más prolongada, pero aprovecho la ventaja que me ofrece este estrado para decirles que, efectivamente, la poesía vive, transpira y existe fuera de los poemas.

Como el tema de esta conferencia es saber de qué diablos hablan los poetas, me parece oportuno comenzar por el examen de lo que es un poema. Inicio diciendo que un poema en sí mismo no es nada, pues depende de otras cosas existentes para existir: desde un lenguaje activo y en constante renovación, hasta un conjunto de signos que conlleven una escritura; y desde un emisor, al que llamamos poeta, hasta un receptor de aquello que dicen estos signos, al que llamamos lector.

Esta es sólo una breve enumeración de lo que necesita un poema para existir. En un estudio más amplio habría que tomar en cuenta el sentido de los signos, ciertos aspectos éticos y estéticos, la época en que se compone el poema, el estilo que influye en ese momento al poeta, y tantas otras consideraciones que no caben en el tiempo destinado a esta conferencia.

Un poema es simultáneamente su contenido y su forma. Si el poema sólo fuera lo que contiene, entonces su propia forma de poema se volvería algo secundario. En el poema, pues, valen por igual el contenido y la manera de expresar ese contenido. Es necesario aclarar que la forma muchas veces actúa condicionada por el contenido mismo, pero además por la representación que el poeta le otorga. Es en este sentido que una novela como La muerte de Virgilio, de Hermann Broch, es poesía pero no es un poema, por la sencilla razón de que un poema no es una novela, y viceversa. Lo verdadero aquí es que tanto el poema como la novela pueden contener dentro de su forma ese raro fenómeno al que llamamos poesía.

Un poema son palabras que son metáfora que son imagen, un ente verbal cuyo más hondo sentido se encuentra en lo que el poema mismo dice, pero también en la forma en que lo dice. Un texto escrito en versos y con rima no es necesariamente un poema. Para que el poema aparezca, es necesario que ocurra la poiesis, palabra que literalmente significa “acto creador”.

Para entender de qué diablos hablan los poetas tuvimos que aventurar primero algunas cuantas aproximaciones generales acerca de lo que es un poema; ahora sería necesario entender de dónde diablos vienen los poemas. Un poema se origina en la percepción del alma viva, y representa en las palabras la validez de esa percepción: mirar que se hace signo, metáfora, señal, imagen, gesto, acción. Mirar que se vuelve poema. Por el poema sucede la confirmación de la mirada; también la confirmación del mundo y el reconocimiento de otros mundos en la mirada misma. Percepción que se mueve a poiesis, a llamado y a descarga, a grito colmado de silencio y a vivo silencio que aúlla. El milagro se cumple porque el mundo se cumple en la mirada.

El origen del poema no son las palabras, sino la mirada que milagrosamente se vuelve palabra: voz de la mirada. Al hablar de la voz de la mirada, nos obligamos a preguntar qué es eso que mira desde detrás de nuestros ojos. La respuesta es harto compleja. La han procurado, quizá sin éxito, la psicología y toda la ciencia. También la filosofía y la teología. Las conjeturas surgidas de la pregunta que interroga qué es eso que mira desde detrás de los ojos, van desde la presencia inaprensible y suave del ser, o la grave existencia de la nada, hasta el no menos difícil dictamen de un dios omnipresente; y desde la hipótesis de un yo individual y único que crea el mundo recibiéndolo como imagen, hasta el descubrimiento de un cerebro que, por la mágica transmisión de impulsos eléctricos, fragmentariamente percibe límites a través del instrumento que son los ojos, y luego los ordena, los unifica y los nombra, para así formalizar un mundo de cosas separadas al que llamamos realidad.

El veredicto que da el arte es de otro orden. El arte, y de las artes la poesía, a veces sospecha como posible respuesta un vasto silencio sin nombre, acaso único, que tiene lugar en todos los lugares y cuyo único lugar hondamente significativo está situado detrás de los ojos humanos: silencio que aproxima orillas inexploradas y que, por el ser de lo humano, revela un estado del mundo. Para el poeta, eso que observa desde detrás de los ojos es el silencio.

¿Qué es aquello que mira el silencio desde detrás de nuestros ojos? Esta es una pregunta sin final, cuya posible respuesta interroga a la pregunta misma. El mundo es silencio, es el silencio que nos rodea, el silencio que mira y que es mirado, sonido que al dejarse escuchar revela que quien mira es también lo mirado.

¿Qué son entonces la poesía y el poema? Para decirlo de una vez: la poesía es un estado del ser, y el poema es la revelación del reino, la forma en que se expresa la mirada. Ambos, poesía y poema, son del lenguaje de la Tierra, lenguaje que halla por sí mismo las más sutiles formas de expresarse, y que el hombre que es capaz de crear percibe con todo el ser y lo traduce en representación.

¿De qué hablan los poetas? Hablan de unión, de reunión en la vida. Hablan de nosotros, hablan con nosotros; su decir es un diálogo de pertenencia. Nos dicen que aprendamos a cuidarnos entre nosotros, que aprendamos a cuidarnos los unos a los otros. Nos dicen que todo en el mundo es cooperación y no competencia. Nos invitan a ser libres, a encontrarnos con nosotros mismos en los otros. Yo soy tú y tú eres yo, y todos somos el hombre. El poeta nos abre los ojos de la mente para que tengamos voz en la mirada, para que tengamos corazones más grandes. Corazones, no cerebro. Eso es lo que pide la vida. Cuando hacemos lo correcto, cuando el hombre cuida al hombre, la vida cuida de nosotros. El poeta enseña a dar y a recibir lo que la vida otorga, eso que no vemos porque estamos ocupados haciendo planes. El poeta pide que nos elevemos a nuestra estatura de seres humanos. Cooperación. Eso dice el poeta. Y amor, el amor como la acción total y totalizadora. Corazón y no cerebro. Un corazón cada vez más grande.

El poeta nos dice que hablemos con nosotros mismos como hombres y no como chinches; que nos conozcamos a nosotros mismos en nuestra relación con los demás, pues sólo así estaremos conociendo al hombre. El poeta nos dice que salgamos de aquí esta mañana y empecemos a devolver lo que tomamos del granero de la vida, que lo hagamos poéticamente, creadoramente, desde el orden del corazón y de los sentidos. Nos dice que establezcamos en la tierra el diálogo de pertenencia. El poeta nos dice que comencemos aquí, hoy mismo, pues siempre es ahora, la misma hora siempre, y todos los lugares son el mundo. Tenemos que crecer como hombres, tener corazones más grandes para comprender la vida, y no cerebros para disecarla, dividirla, moldearla ni cambiarla. Corazones cada vez más grandes para beber de la vida su esencia inmortal. Nos hallamos demasiado lejos del centro de la vida. Los poetas dicen que debemos avanzar hacia la unión. De esto hablan los poetas. ¿Qué otra cosa puede significar ese deseo de comunicar?

Los poemas no dan respuestas, hacen preguntas. Son signos con los que el hombre se interroga a sí mismo y pregunta por el mundo. Las preguntas se hacen, los poemas se escriben. Sólo son reales si se escriben. Y se dicen. Los poemas no son respuestas sentimentales, son preguntas de experiencia. Son sucesión de momentos, la palabra de la experiencia y la experiencia de la palabra. Diálogos de pertenencia. Las palabras del poema hacen visible lo que los ojos han visto. La poesía pregunta con palabras por lo innombrable. El poema dice un yo de muchos rostros y de una sola cara: dice al hombre, dice al yo plural de la experiencia humana. El poema dice yo y mi multitud interpretada.

El poeta no señala direcciones: sigue huellas en el río de la experiencia. El poema es la brazada en el agua de la vida. La poesía trae realidad a los hombres; trae verdad a la realidad. El mundo es menos real sin la pregunta del poeta, sin el diálogo de pertenencia que proveen los poemas.

¿De qué hablan los poetas? Dicen las palabras del hombre, dicen al hombre en las palabras. Transcriben el dictado del silencio, acaso con el propósito último y más alto de mostrar lo bueno, lo bello y lo verdadero.

jueves 28 de febrero de 2008

La fragilidad crítica de la poesía en México

(a propósito del premio Aguascalientes)

JEREMÍAS MARQUINES

Jorge Cuesta decía que, lo que se ha dado en llamar poesía mexicana “no han sido más que buenas aplicaciones de literaturas extranjeras”. Es más, afirma, “no es de extrañarse que en ningún mexicanismo de la literatura mexicana sea imposible encontrar la menor originalidad”. Por supuesto, cuando hace esta afirmación hay que tomar en cuenta el contexto, ¿pero acaso hoy puede afirmarse lo contrario?

Declarar desierto el premio Aguascalientes es un acierto: motiva la reflexión y exhibe la fragilidad crítica de la poesía en México. Muestra también, la hipocresía de los poetas mexicanos y expone su conservadurismo positivista.

Hay en esta decisión, como en cualquier otra, sus aristas y sus bordes. Ambos aspectos nos dan la oportunidad de compartir nuestro cinismo y de salpicar a otros con nuestra hipocresía. Por un lado, están los que ven mal y hasta consideran una ofensa declarar desierto el tal premio, otros lo consideramos inclusive; y otros que de plano lo celebran como si este simple acto, por sí mismo, tuviera el efecto de un curita contra la mediocridad poética vigente. Qué se le va hacer, así es este oficio de la cocina. Todos quieren comer pero nadie quiere lavar las ollas. Lo que hace más evidente la mezquindad de fondo.

Primero: ¿cómo sabemos que la poesía mexicana es tan mediocre, al grado que ninguno de los casi doscientos participantes se merecía el premio? ¿Cuándo y dónde se ha discutido al respecto, quién lo hizo, cómo lo hizo? ¿Cuáles son los argumentos para decidir qué es de calidad y qué de excelencia? ¿Quién lo dice y cómo lo dice? ¿Es ético que poetas valoren a otros poetas? ¿Quiénes hacen la crítica de la poesía en México? ¿Existe algo así como la crítica de la poesía mexicana?

La poesía mexicana, salvo contadas excepciones, es una poesía mediocre, no porque así se haya descubierto al declarar desierto dos veces el premioAguascalientes; es mediocre porque es el resultado de antiguas y mezquinas disputas comenzadas por los patriarcas de la poesía nacional; es mediocre porque ha tenido siempre una valoración hipócrita; es decir: ha sido calificada por una crítica de los intereses donde privan los ajustes de cuentas, pa que aprendan a respetar, que lo mismo eleva al cielo al amigo mediocre que condena al desconocido provinciano con posibilidades creativas. Y es aún, más mediocre, porque se hace grilla con la poesía. El oficio se ha convertido en un medio burocrático más que en un medio del alma, si es que algo como eso existe. En su balance de la literatura mexicana de 1942 publicado en el número 2 de Letras de México, José Luis Martínez escribió: “Alberto Quintero Álvarez, de la misma promoción que Octavio Paz, publicó una recopilación titulada Nuevos Cantares y Otros Poemas. Al lado de acentos de la más delicada calidad lírica, ciertas preocupaciones y tendencias ajenas a su tono, impedían que su libro conservara alguna visible unidad. Pero si algunas de sus composiciones se desvirtúan a causa de sus experiencias fallidas, otras mostraban una pureza poética incomparable marcando la línea más noble del poeta”. ¿Y entonces qué pasó con esta ‘pureza poética’ que elogiaba el crítico? ¿Quién se acuerda hoy del tal Quintero? Acaso no pasa hoy así con mucho de lo que se presenta como obras de calidad, como ‘obras que van a cambiar el rostro de la poesía en México’.

En este balance Martínez también se refiere a un cuaderno de Manuel Calvillo, titulado coincidentemente: Estancia en la voz, muy parecido el título El cardo en la voz de Jorge Esquinca, uno de los actuales jurados del tal Aguascalientes. Ya lo decía Cuesta: “en literatura mexicana es imposible encontrar la menor originalidad”.

José Attolini fue un poeta de poca monta, hoy nadie se acuerda de él, pero en el 43 era un escritor muy activo con ramificaciones y contactos en la oligarquía poética nacional, a la que hoy algunos ilusos llaman tradición. De esta ‘tradición’ procede la mayoría de los comentarios impresionistas que en las revistas y presentaciones de libros pasan hoy día por profundidades críticas. Veamos un ejemplo de este cliché de sorprendente actualidad: “Todo poeta vive en deuda con la poesía mientras no rescata al mundo de su pavorosa medida cotidiana y lo entrega acabado de estrenar (...) pero en este mundo de cenizas todavía candentes, el poeta no sólo es creador por antonomasia, sino solitario por excelencia, y no puede ser de otro modo, ya que para toda obra de creación hay que empezar por las entrañas, allí donde las palabras no son sino semillas”.

Ahora leamos un comentario más actual, y comparemosel impresionismo cursi de Attolini en el 43, con el que hace David Huerta al referirse a la obra de Julián Herbert en la antología El Manantial Latente: “Las palabras salen, brillando, como bañadas por una luz quemante, del propio corazón, de la soledad de la mente. Todo esto sucede en un espacie de trayecto o de trance (...) Las palabras van a depositarse una a una sobre las páginas, sobre las cuartillas: un poema, dos, quince poemas... Los poemas forman una casa, un libro, y ya poseen el nombre que les faltaba: El nombre de esta casa”. ¿Qué dijo Huerta?, nada, pero así de sencillo queda acreditada en México una escritura poética. Entonces ¿cómo no sufrir de mediocridad?

Ejemplos como el anterior abundan en cada comentario de libro, vamos a ver sólo uno más de la citada antología. León Plascencia Ñol, a propósito de algunos poemas de Rosalva García Coral dice: en su poesía “existe un pronunciamiento del silencio como armazón del mundo, como trazo del polvo que es el único signo de lo que quizás está aquí o vendrá con la palabra dicha o incomunicada”. Sé que algo quiso decir el comentarista, sé que hay algo ahí, en el sótano de lo dicho pero quién sabe qué rayos es. Sin embargo, es lo que tenemos y así miramos la obra de los otros. Entonces ¿cómo no sufrir de mediocridad?

Concluyo esta parte con la confesión de los elementos críticos de que dispuso Alberto Paredes para preparar su libro Nueve poetas mexicanos recientes (1966-2000): “'Me interesan obras dotadas ya de identidad perceptible, vigor e importancia expresiva, de nitidez en su propuesta, bajo una clara exigencia de calidad”. El discurso parece bueno, ¿pero qué es la calidad en la poesía? ¿Qué cosa es eso de identidad perceptible? En fin, Paredes nos presenta como respuesta a esta torpe pregunta la obra de Jaime Reyes, Ricardo Yáñez, José Luis Rivas, Amelia Vértiz, Elsa Cross, Coral Bracho, Carlos Isla, Francisco Hernández y David Huerta. Poetas, admirables algunos, y otros con una identidad perceptible, digamos imperceptible. Yo podría estar en contra de la ‘calidad formal’ de cuatro de los ocho enlistados. Sin embargo, el hecho de que a mí no me guste cómo escriben, ni tenga coincidencia con lo que escriben, no les resta calidad en absoluto, ni ‘vigor e importancia expresiva’. Apesar de la escasa ’calidad’ de mi comprehensión sensorial, estos cuatro que no me agradan seguirán siendo lo que son, porque un parámetro industrialista como la calidad no es ningún determinante para decidir que sirve y que no en la poesía; por lo contrario, es la legitimidad y la perdurabilidad de la experiencia estética lo que cuenta. Algo por el estilo debió aplicarse a la hora de calificar el tal Aguascalientes y no la calidad de la formalidad perceptible y bla,bla, bla...

Sin embargo, no hay por qué alarmarse con que se declare desierto el Aguascalientes, no seamos hipócritas; sabemos que la poesía mexicana es de una fragilidad crítica que asusta, salvo excepciones, ha crecido alimentada por la baba de la alcahuetería y la mezquindad, así que una sacudida de vez en cuando no está mal.

Coincido con Pedro Serrano de que al poeta Gerardo Deniz hay que proponerlo para que reciba el Premio Nacional de Ciencias y Artes, se lo tiene más que merecido; y en cuanto al monto del tan mentado premio, apoyo la propuesta de que se emplee para impulsar talleres de poesía en los estados más atrasados literariamente, comenzando por Guerrero. Ya clarea estimables, zánganos; debiéramos cambiar de asunto, si el sol nos ha de aborrecer que sea por algo. Gracias, maestro Deniz.

lunes 4 de febrero de 2008

Acerca del Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2008


EDUARDO HURTADO

Como ya se ha hecho público, el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2008 ha sido declarado desierto por los tres miembros del jurado, Jorge Esquinca, José Javier Villarreal y José Luis Rivas. Lo han decidido así en ejercicio de la facultad que la Convocatoria les otorga y su arbitraje debe asumirse, según se establece en la misma, como inapelable. No obstante, la reflexión acerca del significado de este fallo es pertinente y necesaria.

Resulta inquietante, por decir lo menos, que el certamen de poesía más importante de México, al que concurre cada año una considerable proporción de los muchos autores que entre nosotros se dedican de lleno al género, arroje este resultado desalentador: entre los más de 200 originales presentados, ni uno solo alcanzó a colmar las supremas exigencias de los dictaminadores. En esto los parámetros y las subjetividades de los tres coincidieron, a juzgar por el carácter unánime de su determinación. Algo debe andar mal, muy mal en Dinamarca, si se piensa que esto sucede en un medio donde un considerable número de poetas vive consagrado al oficio, publica libros, colabora con poemas en revistas y periódicos, escribe ensayos y notas, goza de apoyos del Estado, concurre a talleres o los coordina y asiste a todo clase de actividades relacionadas con la poesía. No sólo eso: un país que goza de un amplio reconocimiento, sobre todo en el mundo de habla hispana, por la calidad de sus poetas.

Como se sabe, todo premio literario, incluidos los que, como éste, gozan de un gran prestigio, tiene altas y bajas; de todos ellos salen libros que acaban por cambiarle el rostro a una literatura, junto a otros de gran calidad pero cuya trascendencia visible resulta más o menos restringida. Estos últimos forman parte, hoy lo sabemos mejor que nunca, de ese largo proceso del que sin duda depende el surgimiento de las obras destinadas a permanecer durante mucho tiempo, acaso “para siempre”. La literatura, la necesidad de fondo que la anima, se nutre de este intercambio saludable. Entre las obras que una época considera indudables, ¿cuáles persistirán a pesar de los años? Aun los críticos mejor dotados suelen equivocarse a la hora de intentar establecerlo.

Lo que los miembros del jurado han hecho al declarar desierto el premio de poesía de mayor relevancia en nuestro medio, es implicar que una buena porción de la poesía que hoy se hace en México es de baja o mediana calidad. Juicio muy cuestionable, sobre todo si uno está al tanto de los buenos libros de poemas que cada año se editan en el país, o si frecuenta las revistas y suplementos literarios de México y de otros países donde también publican poetas mexicanos. Si el jurado se propuso, según se deduce de alguna de sus declaraciones, mostrar que este premio sólo debe otorgarse a libros “de excelencia” (término muy recurrente en medios académicos, políticos y hasta deportivos, pero de aplicación por lo menos problemática en los terrenos de la actividad artística), ha dado una muestra de soberbia. Ellos mismos recibieron este premio antes, sus obras desataron polémicas a la hora en que ganaron, y aún está por verse (sólo el tiempo lo dirá) si sus respectivos libros, esos que merecieron el galardón, tienen las cualidades necesarias para perdurar.

Por lo pronto, según se desprende de su determinación a la hora de sancionar el concurso, nada de lo que hoy se hace aquí resulta equiparable con lo que ellos mismos presentaron en su momento. Montados en esa posición de superioridad, y al autoerigirse como jueces intransigentes (categoría que busca ser prestigiosa), con toda probabilidad descartaron más de una propuesta que, desde una mirada experta como la suya pero menos arrogante, hubiera merecido el premio. Un premio que año con año despierta filias y fobias, como sucede en todas partes; que no sólo sirve para animar un medio al que le conviene la discusión abierta, sino como un referente para observar los distintos rumbos y posibilidades de la poesía que se escribe en México. Esto incluso cuando lo que se discute es la ausencia de un nombre importante entre los premiados o el triunfo de algún título que, a juicio de algunos o de muchos, resulta cuestionable.

Sin embargo, como se ha dicho, el fallo es inapelable para efectos del dictamen —y está bien que lo sea. Lo que puede y debe discutirse es la disposición, dictada por el jurado el día en que emitió su veredicto y avalada casi de inmediato por las instituciones convocantes (de estas últimas, conviene subrayarlo, no surgió la iniciativa), de destinar el monto del premio al poeta Gerado Deniz. Se trata de un gesto demagógico, ungido de una falsa generosidad. Un gesto que equivale a una solemne caravana que el jurado ejecuta con sombrero ajeno. Desde luego, Deniz es un autor de valía y alcances indiscutibles. Se trata de un poeta mayor de la lengua. Merece premios y reconocimientos de todo género. Pero, por lo mismo, merece también que éstos provengan de iniciativas destinadas a ese fin, no que se le otorguen con fondos provenientes de uno de los pocos premios importantes para la poesía, a raíz de una decisión que sin duda levantará ámpula.

Si este poeta dueño de una larga y destacada trayectoria no ha recibido, como tantos otros artistas nuestros, el reconocimiento y el apoyo que merece, es preciso reclamarle a la sociedad y al Estado mexicanos que se repare tan grave omisión. Se trata, de hecho, de un asunto de política cultural que es urgente discutir y solventar. Habría incluso que demandar, para ir al fondo del asunto, la ampliación de las plazas eméritas en el SNCA y/o la creación de fondos especiales destinados a este fin. Me sumo desde ahora, con el mayor entusiasmo, a cualquier iniciativa que busque enmendar el descuido imperdonable cometido en contra de la obra y la figura de Gerardo Deniz. Pero entregarle el dinero de un premio en el que no participó es injusto para él y para el certamen mismo. Además, va contra el espíritu y la letra de la Convocatoria, que establece: “El Premio puede ser declarado desierto, en cuyo caso las instituciones convocantes se reservan la decisión de emplear el recurso económico correspondiente para apoyar actividades de fomento a la literatura.” Destinar el monto del premio a Gerardo Deniz no es, por donde quiera verse, una actividad de fomento a la literatura sino una acción insuficiente de apoyo a un escritor que, insisto, merece con creces ser creador emérito del SNCA y recibir reconocimientos públicos organizados ex profeso.

En todo caso, y en atención al propósito de la Convocatoria, los 250,000 pesos del certamen declarado desierto deberían destinarse a incrementar los acervos de poesía en algunas bibliotecas del interior del país, incluidos los títulos indispensables de Gerardo Deniz; de esta forma se daría impulso, de la mejor manera imaginable, al conocimiento y la difusión de nuestros poetas mejores. O bien podrían emplearse para llevar talleres de creación a los estados que más los necesitan, como Durango, Chiapas, Guerrero y tantos otros, lo cual serviría para comenzar a recomponer el estado de salud de la poesía mexicana, que según el diagnóstico del jurado es francamente grave.

Febrero 4 del 2008

jueves 24 de enero de 2008

La importancia del artista


COSME ÁLVAREZ

Thomas Mann comenzó a escribir su primera novela, Los Buddenbrook, a finales del siglo diecinueve, pero la obra apareció hasta 1901, en pleno inicio del siglo veinte. La intención del libro de Mann es mostrar al artista como protagonista y héroe, no sólo de la obra literaria y de la época, sino del porvenir. Thomas Mann es uno de los grandes creadores de todos los tiempos (al que las nuevas generaciones de lectores y de literatos no leen); su novela es un puente entre dos épocas, vitales para comprender la ruta que tomó el hombre en sus elecciones.

La historia que se narra en Los Buddenbrook transcurre en las postrimerías del siglo diecinueve, pero se adentra en nuestro tiempo a través de Hanno Buddenbrook, un niño, artista a pesar de él mismo, que encarna los primeros signos que determinarán la fisonomía del siglo por venir. ¿Cuáles son esos signos? Una moral y un sistema social desunidos, de los cuales el hombre, ya en el siglo xix, ya en el xx, sacaba fuerzas para seguir viviendo.

Jamás se han estudiado a fondo las similitudes de Los Buddenbrook con Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, pero para mí son evidentes. Se trata de una crónica estrictamente temporal de una familia, de su decadencia y disolución en la muerte. Es también el relato del fin de una clase, de un modo de vida, de una moral y de una forma de pensamiento. Ambos libros terminan con la aparición de la figura del artista como símbolo o como consecuencia directa de la decadencia general.

Desde mediados del siglo veinte se hizo claro para todos que vamos a ciegas. Hoy advertimos que el mundo se ha quedado sin apoyo, desde lo moral hasta lo económico, y de lo social a lo ideológico. El hombre se lanzó a dos guerras Mundiales que nadie ganó, pero que terminaron por ceder el imperio de la razón al imperio del comercio humano, disfrazado de capitalismo y de libre mercado, además de que situaron a los Estados Unidos en el lugar que tenía Inglaterra.

El problema del verdadero artista radica en que ahora debe colocarse, solo, y desarmado por la propia sociedad que lo ignora, ante el fantasma de la disolución. Contra todas las posibilidades de logro y sobreviviencia, debe entregarse al poder creador del espíritu y de la palabra; poder que, manejado por él, se transforma en una manera de actuar -si no es que en la acción total-, por encima de la vida inconsciente y frívola que rige el mundo. No es causal que el artista ocupara el primer plano de la reflexión de filósofos como Shopenhauer, Nietzsche, Kierkegaard y Heiddeger, para quienes el artista es un punto de partida y uno de los fenómenos fundamentales para la comprensión total del ser humano.

La voluntad del hombre ha sido violada interminablemente a lo largo de los últimos años, y con ello el nadie de la multitud se convirtió en esclavo de los medios y de los miedos que genera el dinero como factor de supervivencia. El hombre-ninguno-nadie del siglo veintiuno, previsto por Thomas Mann desde el siglo diecinueve, carece de voluntad, de iniciativa y de ganas de vivir. A través del debilitamiento de la voluntad, han sido debilitados también el espíritu y la fuerza vital que exige una existencia lúcida. Pero parece que no hay alguien que lo advierta ni lo delate creadoramente.

Al menos hasta hoy, el espíritu del artista del siglo veintiuno parece un ente derivado del problema que él mismo jamás se detuvo a analizar, un resultado de esa decadencia que tan claramente señaló Thomas Mann, y cuyo punto de partida es la falta de unión entre el hombre y su mundo. Los escritores mexicanos también han perdido tiempo, rumbo y hasta la vergüenza bajo las seducciones del mercado; dos ejemplos inmediatos son el Crack y la llamada “Literatura del norte”. Sus autores se complacen narrando historias sin importancia, y en general se han mostrado incapaces de explorar con hondura la experiencia humana.

La imaginación del siglo veinte fue seducida por "ese huésped de su propia vida que es el artista", quien ha sido elevado a la categoría de símbolo. La imaginación del siglo que empieza está seca. El artista es el verdadero héroe y será el explorador de nuestro tiempo.

lunes 21 de enero de 2008

Dolor de Nombre


LEONEL RODRÍGUEZ
Premio Nacional de Poesía Clemencia Isaura

YELO NEGRO

I
Algo se revuelve como la carencia.
Un reacomodo de las aguas que me surcan
como naves tentaleando litorales
anuda con líquidas trenzas el siseo que despierta mi silencio.
Algo se reanuda y yo escucho.

Acomodo una luz austera de cara al hueco de la noche;
la ventana queda ciega: un filo de luna se percibe,
un ojo se abre,
un haz de cuerpo se avecina.
Respiro una misma melodía.

Como una jauría de perros,
una turba de preguntas muerde los pasos
de la sombra que me lleva.
Entre ladridos se remueve su oscura,
violácea joroba de quietudes
moviendo las siluetas por alguna calle que invento.

Toco la huella
estoy partido y mi habitar es roto
el tacto carece
¿en dónde el sentido del encuentro?

II
Estamos en el pueblo de La Hueca:
días se alargan como noches:
en el sueño:
la serpiente piel de la crecida,
máscara cambiante del acantilado…
parece así que lo creemos
no tiene tamaño nuestro aliento
mero vaho que aparece ante el paisaje
recuerdo en el espejo
de aquel canto que montamos en el bosque

ahora flota para no mirarlo

También debajo de las piedras
escucho el silbo de otro nombre
¿qué grito vale su penar en la existencia?

Parpadeo en el punto cero de la aguja
—separados por los hilos que atan cosas,
alguien nos descose
alguno que sabemos
desconoce su vecina identidad alguna:
la veo y no la veo,
vigilia adentro de la costa donde duermo.

Yo älguno, sin nombre,
¿sabrá que somos niebla entre dos sueños?

Somos el pueblo de La Hueca, de la gran roca seca y hueca.
Los ojos cerrados a la luz sobre el sin suelo del desierto
queman tú qué más en la pregunta,
pasos que se apuntan sobre brasas.
Así desando por mi nombre
como por un viento sin respuesta.

El polvo del hambre cubre nuestro cuerpo. Recibimos las acometidas del vacío con el humo
de madera calcinada —abrazo de mil playas que los viejos cargan en sus brazos: fogatas para
celebrar a nadie, lumbre para ahumar la curva de la luna

la moneda roja,
sello de sangre en los entresijos de la noche.

Este ulular dibuja la caída de una esfera, raíz de luna, siéntela lamer la lengua, lamer el mar
donde nos dice
la felicidad de un ojo de agua que rodeó a la noche con un río.

Nuestros días, nuestras noches, nuestro torcer paciente en el silencio. El río que buscamos
alimenta el hambre que lo mueve.

Niños miran: nos insectos, nos algunos divididos.
Niños lanzan la pregunta que se aleja como tronco a la deriva.
Hay un sitio donde juegan y descubren los cimientos.

III
Cuesta arriba imaginarse las palabras
que habrán de romper el silencio
que no pide ser abierto.

Mi sueño crece desde adentro de una cueva:
la ciudad se angosta en una calle a mediodía,
el sol la desvanece, limpia de la vista.

Estoy de pie sobre una duda que la boca balbucea;
no puedo sacarla de su olvido, no la veo.

Si camino y me dirijo
hablo baladura de balido,

¿qué digo en esta hora limpia y sola,
arrojado desde el suelo hasta yo mismo?

Silabeo:

IV
La ciudad se suelta de mis ojos
—hay un baile
desatado del susurro hay un baile,
arborece de las manos de la tierra
y da vueltas
y lo digo
acabándose el aliento.

Me desplomo enlazado a las veces que pregunto y pierdo la respuesta.
El mundo gira y no se aquieta.

Alguien se oye tronar,
una mujer renace en el costado del momento
nochemente
ella baila
se agrupa sobre el sueño del hombre encendido
se distiende
y respira
y parece un sueño que nace de un sueño.

Nuevo aliento a los muslos que despiertan.

Los ojos salen a tientas
la mirada más oscura, voz
caverna, empapada de arrastrarse acuoso en el olvido,
su goteo no es la duda:
buscar nuevo de lo aquello.

La ciudad olvida mi andar austero y las caras que animan el yelo oscuro de sus sueños.
La ciudad flota en el deshielo de sí misma.

Desesperas cuando no suena la puerta,
no hay tablas que dividan el aliento de lo indecible, este viento que te acerca a lo mirado.
No se rompen las ventanas a palabras.
Ellos dijeron:
«Mantente limpio, sí, muy cuidado,
corre si tienes que hacerlo, anímate si puedes,
corre, corre si puedes correr
mantén limpio tu traje, mi buen hombre».

El viento camina
todo lo voltea entre sus piernas y despierto
—adentro de los muslos abulta la nostalgia,
recuerdas el rojizo mundo de barrancas y mañanas que se abren similares,
allá, el sol del bosque dice:
ella baila,
en algún sitio ella se encuentra, es realidad que ofrece su sentido;
ella baila invisible en el sueño, más adentro de la trama que la propia sangre bulle.
Su boca danza sobre tu cuerpo
la canción que Nos soñaba.
Ella baila y te despierta su canto que disloca.

Adentro de la mina el ojo es negro;
perdido sin mi dueño, dando tumbos,
me arrimo a los caminos y me hundo,
camino por el sueño y digo mundo;
el hombre que busca su lugar junto a la roca hueca
cuando los gritos despojados suenan frente a un cuadro donde duda;

las manchas forman sugerencias
(yo quiero asemejar los ojos)
se adivinan formas que desmienten
(asemejar los ojos al crédito del fuego);
quiero bailar sobre la cresta de las olas, por entre el fuego que celebra.

Un no saber por qué, un no ser de estar tendido,
hallar la mano hundida,
invisible;
no sabe la mano
cómo abraza al hombre que se acuesta,
no sabe el hombre: sueña
su goteo lo inventa el árbol,
el baile es el latido del árbol en el pecho citadino,
mueve los sentidos al vaivén del viento:
baila
y ella canta
la canción de nuevos días


HUELLAS DE PERTENENCIA

1
Estoy sentado y pienso dar mi sombra por la calle que recuerdo.
El mar mundo de ritmos comunales ahoga mansamente en esta hora su roer,
afina un cauce limpio para darse al demuestro de nosotros
—los caminos se abren como brazos dentro de la comba que dice silencio-;
somos nosotros, descargados de sombra, semillas en la noche,
aquellos que miran venir las sinfonías diurnas a través de la ventana que los
junta.
Sentado y lleno de las voces, no estoy ahí donde me siento.

La estancia del mundo es sin contornos:
una carrera avasallante, impaciencia de las pieles por tocarse, la caída
sin cesar de las cosas por su peso;
en ellos que descuellan de su sombra un mundo real adquiere su certeza.

Nuestra casa es apretura que entrelaza espacio, árboles y hombres
—la respiración mira su ceder, alba voz que llega por el centro de tu cuerpo,
ojal de transparencia;
yo rodando sostenido por el peso que astilla un centro en mil astillas;
dividido soy un cruce de caminos.

El agua ruda, el agua que urde:
qué toca hurgando en la memoria roja,
qué busca en las palabras que callaron:
la intuición de una señal que escurre al sur de dónde, hacia lo bajo de quién
si lleno de mis voces, no estoy ahí donde me siento.

Cuál extremo del río que cruzo sin cruzar es bueno para despertar del todo.

2
La noche lanza su costado encima del recorte de los cerros:
hondos como espaldas, tímpanos de negro,
el viento arrastra sobre ellos los humores de la niebla.
El paisaje es paladar de tierra y agua.

La culebra húmeda del viento muerde la más honda transparencia.
Zumban las colmenas del reposo.

La calma despierta:
trueno y sombra son piernas que mueven y remueven las distancias:
lo lejano hila con los dedos de mi mano.
Las nubes pulsan luz dentro de su sueño acampanado
—el rayo es su badajo silencioso.
Su estruendo no es el ruido; a punto de caer es su mecerse,
de la suagua huele a estancia que se amplía,
su casi caigo es dulce, morada adivinanza que reúne al hombre con su noche.

Cascabeles que florecen son la espuma del momento.

La noche es indecible.
La cuna de mis ojos vierte su semilla,
planta su costado
a la sombra de la lluvia con su calma dura
en medio de eso negro que se oye y es vibrante duda...
La sonrisa que nace es su respuesta:
La ignorancia que es raíz es mi resguardo.

3
Cabe la lluvia en las distancias de mi cuerpo.
No cielo: demuestro de nosotros en cascada;
cabe la lluvia en cada gota, cauce que une, universo,
se abren las manos increadas, posibles, discutidas, desbordadas:

Despierta el hombre, embarazo de su sueño;
la mujer en la ventana canta música sin sombras,
el agua de su boca escande cabellera de su espalda,
desciende y es morada de la vista;
los ojos beben alimento de su canto.
Ante ellos amanece la ciudad pequeña como un parque,
minuciosa en los contornos de la música que ruge.

En su remanso encuentro mi sentido,
camino una calle nueva, sin fronteras,
cada paso nuevo umbral
cada paso nueva voz iluminando la penumbra
cada paso

OTRO MUNDO, ESTE MUNDO

Mientras el sol desciende, las frondas que lo ocultan se hacen menos negras. El gorrión festeja sobre las ramas desnudas, salta con su canto que recorta al viento.

Mil ojos se dibujan entre el follaje que parpadea. El sol que baja les da luz y su mirada. Un soñar rojizo y turbio es el corolario de una tarde que navegó sobre el lecho caliente del verano.

Calor de infancia, doble intensidad: en el recuerdo y al caminar por la calle junto al baldío donde al borneo de la cabeza nació el recuerdo de la matriz del olvido.

DOLOR DE NOMBRE

Yo soy el mundo. Aquí soy el mundo,
está en la palabra.

Limpio espacio
crece en la mirada,
su ramaje abre una sonrisa
en el rostro de una ella,
desconocida.

Decirle la sonrisa al mundo
es la lluvia que rebosa la vasija
donde alguno bebe su reflejo.

Sin mirada, el hombre es exiliado,
sombra entre fantasmas.

* * *
El mundo inicia en cada giro que acicalan nuestras manos.
Quiero ser claro y decir así conmigo
los fantasmas en la esfera de mis ojos;
caminar en las palabras, si así fuera posible
y asomarse a la ventana del instante
para poder decir conmigo
la oración completa de la tarde.

Sea la voz mi propia andanza
donde encuentro lo perdido
en los ecos de mis pasos
en el reposo de mi lengua
como una vela que se aquieta
para colmar su fuego en ojo.

Acurrucado en la mirada, me detengo, me levanto, me desdigo
memorizo sin correspondencia:
enraizado en la luz, hablo con la voz del ciego:
encarno la noticia de mi tiempo.


Ahora he dicho lo imposible de tocarnos, sin poder tocarnos
con aquello que no sé decir
y no tenemos
sin tocarnos.


Me duele la franqueza de la luna,
ya no es sueño el despertar de su rugido
—no hay rugido.
Su silencio es silencio
y alguien sueña
alguien duerme más allá de estos sonidos:
la noche se ha cerrado para encontrar desnudos nuestros nombres,
nos deja en lo más negro de una selva,
colgados al descenso de la música—
(ella ha de hablar,
Nos hablará desde lo quieto,
su párpado abrirá la fianza que nos libre
de correr el círculo
que no respira:
alguien despierta
posado sobre la certeza oculta de estallar
como si el pasado
no se hubiera dicho
como si no fuera
esto que me anima
a saltar desde un vacío
sentir en cada vena de la carne
el recuerdo desatado sin origen
—lo abrirá el olvido—
para nadie
para que nadie crezca
para el nuevo hombre vacío
que no vemos, desconocido,
lleno de torrente y río).

* * *
Dilo, di la noche ha terminado, dilo afuera del silencio;
dilo para nadie bajo arcos de una casa clausurada;
dilo con tu voz que arropa
dilo con la voz que arde remolino de tu centro.
Dilo como quieras, dilo, salta del silencio a la tierra de las voces.

Como una flor huraña, la ciudad se cierra en medio día.

Estómago vacío,
cómete a preguntas,
roe tu nombre como al hueso,
busca de qué asirte,
toma el medio día pequeño, llénalo de cosas,
rómpete voz, truénate sueño, sean costras
las imágenes que había.

Dila. Di la pregunta.
¿Por qué la primavera es niebla,
densa y triste niebla?
Muéstrate de viento y corre,
tu infancia habla por la boca de aquel hombre que camina.
Su andar recorta la pregunta, mastica su desvelo.
Entre esa niebla pierdo
los sostenes de mis comas, saltan como grillos
—venas de su arena desmoronan las palabras, una a una como al viento.

Flor quemada, abre las entrañas y recibe
la novedad discreta de mi cuerpo.
(Atrás, la vieja piel rasgada responde las preguntas de ratones).

Estoy en ti nuevo yo sin ataduras,
mezclado a la corriente, me distingo del pasado en que no existo.


Manos largas hacia el templo de paja del recuerdo,
oscuro, oscuro—
¿cerré los ojos o soy el cuervo en su cabello?

Estoy enfermo de partir el mundo,
enfermo de compartir
el encierro del mundo.

Acaso invento sea,
imagen desgastada por el barro que hoy es lodo,
mal sueño de tierra quemada
—no hay vasija para verte, agua.
Difícil verse en el exilio.


Dila. No encalles como espuma palindroma,
besa tus huellas de regreso a la quietud.
Di los cerros tras la noche, zócalos rugosos
donde la predicción dispuesta se recarga.
El árbol de la mano abierta
se derrama en busca de la huella rosa (inmensa) de la luna (en mis ojos),

dile la parvada que nadaba en ese aire que inhalabas
—los tordos de los ojos volverán en mi consuelo.
La cabeza fue de dos y las piernas se plantaron con firmeza,
¿qué digo se balancea en esta lengua?

Si algún indicio hay en todo esto,
el son risa de la hiena dejó de ser temido.

* * *
La luz se ha colado amarilla por el cielo estriado
como un pétalo encendido.
El perro negro ladra en la esquina: es silencio que
estalla. La calle solitaria
es un largo lingote de ámbar.

Sobre las cabezas, un incierto olor a lluvia fina
llega como la premonición de un Sueño.

Un deseo no formulado; la boca llena de silencio:
mis ojos son otras ventanas
tras la ventana.

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