miércoles, 29 de marzo de 2006

Dos poemas

por Jennifer Piñero


A MEDIAS

Ya no tengo unos senos que se erizan al toque…
Pero tengo la seguridad de una vida sin piedras.

No recuerdo la existencia de mi boca…
Está el buen día por la mañana, y la buena noche por la noche.

¿Cómo recuperar el sonido melodioso de un gemido perfecto?
¡Hasta cuando seguir huyendo de la realidad!

Intensidad que me inventé para poder vivir en este mundo…
Plenitud que me escupe a la cara que si quiero permanecer en él,
mantenga la boca cerrada.

Estoy muriendo cada día…
Perdóname.
Mi corazón se escucha cada vez menos a sí mismo.


ELLA VENDRÁ


La silueta de una mujer camina descalza por la calle, a las dos de la madrugada, bajo la lluvia. La silueta de la lluvia moja a una mujer, que camina descalza por la calle, a las dos de la madrugada. La silueta de una calle, es caminada por una mujer descalza, a las dos de la madrugada, bajo la lluvia. La silueta de las dos de la madrugada, una mujer que descalza, con lluvia, camina por las calles. La silueta descalza, las dos de la madrugada, una mujer camina bajo la lluvia.

Él se tropieza con ella: le hace beber de su sangre como una prueba de fe. Ella lo mira desde el aire que va comiéndole los ojos. Las siluetas vuelven hechas un torbellino. Tienen miedo. Algo se los tropieza y los mata. Las siluetas se escapan corriendo, mientras sonríen por su libertad condicional.

Una mano toma a las siluetas por el cuello. Es ella. No estaba muerta, sólo se había quedado dormida con los ojos abiertos. Él las mira alucinado. Las siluetas son castigadas sin clemencia. Ahora sólo son restos de angustia.

La calle se ahoga y nadie la escucha, todos están ocupados en sus historias personales. La lluvia la violenta con su ímpetu desolado. Llora y llora las soledades del mundo. Todas las siluetas se han puesto de acuerdo, para hacerle una soga a la calle. Pero es demasiado tarde. Ella se diluye y no se dan cuenta hasta que se los traga.

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Las dos desilusiones

por Miguelángel Díaz Monges




Para mi hermano Cosme Álvarez

Llegué a Los Mochis por la carretera que sube desde Santiago y va a dar hasta allá por la frontera, dicen que a ningún sitio que alcance un nombre. Mi primera desilusión fue encontrar una ciudad donde esperaba un pueblo; la segunda fue darme cuenta de que bajo ese calor del infierno el único muerto era yo.



Las teorías sobre arte son al arte
lo que un gato disecado al movimiento de un felino
Cosme Álvarez

Invitación

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