Mostrando entradas con la etiqueta Poesía en México 4. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía en México 4. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de julio de 2017

Puerta

Por Marcela Sánchez Mota
(escritora mexicana)



Tiemblas,
rodeada de puertas
que cierran heridas,
te deja.

Un vacío perenne
abre el humo de perfume,
tu cuerpo se desquebraja.

Queda un soplo de sueño.

Tu rostro transparente aúlla.

Un saco olvidado en el respaldo
dibuja una mortaja, te oprime.

En la pared
la sombra de una llave,
el estallido
de una puerta.

Ciudad de México, 2000

(Regresa al Índice general)
Marcela Sánchez Mota

Herrumbre

Por Daniel Sepúlveda
(poeta mexicano)





Hogareño objeto del museo particular,
herrumbrosa e inútil,
la bicicleta yace en la esquina
del patio
como una especie de inservible bestia
caprina.

Hace recordar sin sentimentalismo
la elemental aerodinámica de
sus buenos tiempos,

El pedaleo lento de
los convalecientes del alma,
a quienes urge oxigenarse
a campo traviesa,

he sido uno de esos ciclistas.
Con el gusto primitivo
de abandonar la ciudad,
bordeando en los campos
los espejeantes caminos de agua,
en la despedida renovada del día.

Ahora
todo asemeja un sueño
que parece enmohecerse.

(Regresa al Índice general)
Daniel Sepúlveda

¿Me explico?

Por Emiliano Pérez Cruz
(escritor mexicano)




Poco a poco nos fuimos conociendo. Nos fuimos mostrando el cobre, la baratura de nuestra hechura. Poco a poco las mieles fueron miasmas; los aromas, hedores; los cariños, rencores. A nuestra piel le crecieron abrojos que nos desangraban entre jirones lo que antes confundimos con terciopelos, con dermis de durazno; los almíbares se tornaron mierda vil, purulencia, pústulas supurantes, y las sonrisas plenas, gatunas, fueron gestos irascibles, intolerantes, dentelladas al pasado y al futuro hasta convertirlos en bazofia, carroña sin trozo alguno que a los gusanos apeteciera. Tiramos dentelladas y las manos de finas caricias sólo acertaron a blandir zarpazos que descarnaban el pecho y buscaban hundirse y extraer el corazón para, con sonrisas torvas, enloquecidas, triturarlo hasta convertirlo en esa amorfa masa que ya soy, que somos y que no sobreviviremos, si acaso como bascas de la resaca en que culminó ese enamorado amor al que masacramos. No me sobrevive fe alguna, ni esperanza en algo. Sólo este amargor, esta hiel que si te tuviera frente a mí te diluía, como un ácido que luego se revirtiera hasta barrer con estos dos que ya son nada. Ni polvo, ni sombra. Sólo una plasta como gargajo al que el sol reseca y el viento sucio de la calle esparce para contaminar a nadie, porque nadie, siquiera, nos merece. ¿Me explico?

(Regresa al Índice general)
Emiliano Pérez Cruz

domingo, 1 de enero de 2017

Selfie

Por Edgar Reza
(poeta mexicano)






—No tengo un plan.
Pero solía escribir. Solía ver las estrellas.
Yo he visto estrellas.
Solía creer que el exterior es un lugar real, otro lugar.
Que el aire es lo que se respira,
que el aire es lo que tú respiras.
Pero me he visto caminando como si fuera otra persona.
Me he visto como si estuviese en una película. (Es lo que pensé que viste cuando me miraste.)
Es difícil de creer cuando aprendes a imitar. Pero me he visto como yo no te he visto.
Vi que pensabas que te vi como si fuera otra persona.
Vi que me miré mirando y sé que volverá a ocurrir. Más tarde o de repente.
Como si no pasara nada.
Como si no te dieras cuenta.
Como si nunca hubiese estado allí: Meses, años, o segundos, intermitente durante semanas.
Y de repente (esto es casi insoportable): Vi que te vi, y me viste. Y pasó el tiempo, y yo no estaba...

Edgar Reza

jueves, 1 de diciembre de 2016

(B)azar

Por Julia Santibáñez
(poeta mexicana)





URBANITA

La lombriz se arquea
en la grava de la avenida,
como que busca.
Le lastima la sombra
y mucho más en la entraña,
escalofrío tan nocláxon noamenaza,
uno como mareo del alma expuesta.
Ahí fingimenta, se casiarrastra
cual si no le inminenciara
que su suave toda pulpa
es la más despanzurrable alarma.
El suyo es un amor muy insensato.

**

BOTELLA AL MAR

La vida me está desperdiciando.
Y no se entera.

**

Adolorarse
el cuerpo de estar solo
de andar hecho una mueca
exprimido por dentro
harto de llevarse puesto
y sobrarse
tan poquito de alma
tan sin sombra.

**

BORBOLETA

Me recibes en la puerta:
le armas una fiesta a mis caderas
con la atropellada algarabía
de casi un metro de altura.

Cubriría de cintas amarillas
los árboles y las casas
con el puro batir de alas
de mi corazón, muy mariposa.

**

EMERGENCIA

En caso de incendio, de sismo, de riesgo, de alarma.
En caso de insomnio, de revuelos, de abismo, de insania.
En caso de celos, de celos, de celos, de celos
rompa el vidrio y use los pedazos a su albedrío.

**

La tribu está herida
airada.
Cayó la peste.
Se pudrió la cosecha.
El enemigo se acerca.
Los ancianos ya no llaman al ritual,
no hay más tambores.

Por mi parte
apuro tu licor insondable,
jugo acendrado
y caliente de vida.

Qué gran alarde.

**

INMINENCIA

Estoy sangrando.
Ellos me rondan,
tiburones hambrientos.

**

COCHINADA

Mamá, escribo para advertirte:
no vayas a cometer la indecencia
que dijiste ayer,
de tan mal gusto.
Aunque disimules
se nota que tienes ganas
pero aguanta,
no te dejes seducir.
No cometas la porquería
imperdonable
de morirte.


Julia Santibáñez
Selección de poemas de Julia Santibáñez, de los libros Ser azar (Editorial Resistencia, 2016) y Rabia de vida (Editorial Abismos, 2015)

Bruma

Por Daniel Sepúlveda
(poeta mexicano)






                                       Me he mirado en espejos de
                                       bruma y desesperanza
                                       mi amada miraba con ojos ciegos
                                       el paso del tiempo animal encenegado

                                        Un épico lunes de escolares abrumados
                                        anhelantes por volver a las calles
                                        desbocarse como caballos
                                        correr a campo traviesa

                                         El último viento de primavera
                                         acaricia los rostros
                                         ardientes mujeres esperan
                                         ser amadas por hombres distintos
                                         a sus destruidos maridos

                                         Deberían violarse algunos juramentos
                                         incumplirse otros tantos onerosos compromisos
                                                                                                                                                                            
                                         ¿He de mirarme en el cristalino
                                         ojo del desierto,
                                         beberé de su agua saludable
                                         bajo la sombra danzante de las palmeras?

(Regresa al Índice general)
Daniel Sepúlveda

martes, 1 de noviembre de 2016

Live Libel


Por Edgar Reza
(poeta mexicano)






mírame partir

Da vuelta a la página
y no verás mi nombre
otra vez.

¿Dónde he ido? Es casi una sorpresa
pensar

que desaparecí

cuando el mundo seguía ahí.


pero los fantasmas pasan demasiado cerca

Dicen: «¿Tú
qué ves?»

No es un toque ni un beso. Es mi vida por empezar,
aunque ya es tarde

y es peor que la primera vez
que me di cuenta,

y escuché en mi corazón el eco
entre dos rimas juntas.


Edgar Reza

Poemas en el espejo

Por Luis Ernesto González Soto
(poeta mexicano)




Un día vio llover por largas horas
tras aquella ventana y su mano
con llanto inexplicable tendió en vano
al mirar su reflejo. ¿Por qué lloras?
le preguntó una voz en su interior.
¿Es que ha muerto la paz que sería tuya
y hoy es la soledad la que arrulla
tu infancia que en la lluvia se escapó?
Oyó otra voz que dijo: Cuando llueve
mira el niño al adulto que lo mira
y tras el vidrio sabe que su leve
sustancia de reflejo es la mentira
que fue verdad ayer y será siempre
la voz que soy, y soy melancolía.


Instante especular

A veces todavía cuando apago
la luz de mis quehaceres y mi tiempo,
apenas contra el miedo resguardado,
y la lluvia, mi amada, te contemplo.
Entonces el amor de tanta espera
inhabitable va, desde mi aliento,
a tus piernas. La sed, la sed eterna,
que pretendo saciar, sale al encuentro.
Un instante de espejo es mi guarida.
Lo que sin ti me mata me da vida
contigo, silenciosa, que al fin eres.
No te suelto, te digo no te vayas
y no me dejes nunca, mas tú callas.
Muerta la noche voy a mis quehaceres.


Búsqueda

“Accedo, a fuerza de cobardía,
al fondo de las cosas”.
E.M. Cioran

Vive preso conmigo, soy su puerta;
él es quien quiero ser, soy su reflejo.
Mas también soy innoble, mal espejo
donde somos los dos fusión incierta
del sueño de los dos, de madrugada:
aquel canto de siglos del poema
y las caricias nuevas a mi amada,
para ser y no ser, sin el dilema.
Al que llevo cautivo busco en mí
en las horas brillantes y en las penas,
en las noches de amor y de jardín,
en mi felicidad y la de ella.
Él casi goza del amor hallado,
casi lo miro alegre entre mis ojos,
siento su voz y asombro enamorados
y quiero ser ya él, ser yo del todo.
Siempre tan cerca está y está tan lejos
casi tan realizado, una silueta
en el trazo de pluma o el bosquejo
de todos mis empeños de poeta.
Pero me he acobardado en este lance
pues infancia decía: casi eres;
adolescencia fue y no fue mi alcance
capaz de dar con él en mis quehaceres.
Y luego fue el amor, es, sigue siendo
quien sustento le da, sentido y alma
a este habitar y ser hoy en el tiempo
la sombra que resguardo en alba clara
del prisionero y yo, de nuestra vida.
Acobardado busco y sé de fondo
que desde siempre soy No Todavía
Y sé que de mi búsqueda lo escondo
pues él nació, lo sé, en mi cobardía.


Al fin sin mí

Con la memoria florecida de vértigos,
ya en el leve declive de los días
descansé la cabeza
lejos, tan lejos de mis hombros
que miré al fin sin mí la vida mía.
No diré lo que vi
—el imán de los vértigos juega a alejar a Dios—
sino que supe verte sin que tú me miraras.
No fui el ave que canta para despertarte
sino el tic-tac paciente preso en el cubo odioso.
No fui el arroyo dócil al molde de tu cuerpo
sino el chorro doméstico guardado bajo llave.
No fui el rayo de Sol que prolonga tu altura
sino apenas un sorbo de tu primer café.
No fui el beso de uvas del amor elegido
sino un saborizante de anhelos para el día.
No fui el aroma de tu niebla celta
sino el de negra flor que saturó tu hastío.
Más allá de nosotros nos amamos.
Hoy tendrás una cita.
Hoy te daré el silencio para tener espacio
en tu habitual oído de ciudad comprimida.
Te daré de mis manos un aura de contacto
que quepa entre tus manos de mariposas tristes.
Te daré mis oasis atentos a tu sed
para que a tu espejismo no le sume otro espejo.
Te daré un fruto tuyo que corté de tu sueño
para que a tu mordida confiese quién no has sido.
Hoy te daré el aroma de una flor blanca y nueva
para que al fin lo sepas y me ames.
Hoy tendrá muchos leños esta hoguera blanquísima.
Hoy, en algún momento de la cierta hora incierta,
llevaré para ti los ojos que te han visto
cuando yo no era yo.


En el secreto

La salida de todo laberinto,
dice en la voz secreta
quien ha vuelto con vida,
es por arriba.
Espejo
en el espejo,
miro el punto de fuga,
asfixiante misterio que rezuma.
La voz secreta:
Callejón y reflejo no te pierdan.
Que la búsqueda tuya, la más humana,
convierta los espejos en ventana.


Reflejos vanos

Canta la alondra sobre una parcela
fatalmente sembrada de reflejos.
Al cazador que mueve el vil espejo,
su libertad de vuelo desconsuela.
Él la quiere rendida, mutilada
—así púdrese amor o fuego inerte—;
incubando dolor, cansancio y muerte,
perversa fe, de horror esperanzada.
Mas si en el brillo el ave corre riesgo,
duda del espejuelo el alma cierta
que protege su ser y no su sesgo,
y gira al fin y escapa. Descubierta
la trampa, el cazador carga su pesgo
y ya no puede huir de su luz muerta.


Remedos

I.
Zapatos, no piedras.
Apellidos franceses, no piel.
Jefes, trabajo ajeno, bonos de productividad.
Comida en celofán. Pocas opciones,
muchas marcas.
Vida por la ventana de la televisión…
depresión
off-on.
Auto, de cero a cien en seis segundos.
Amor, regalitos proveedores.
Viaja, viaja, pero nunca preguntes.
¿Enfermar? Cosa de pobres.
¿Morir? ¿Qué es eso? Tu seguro
te ampara, mientras le pongas números.
¿Hambre? Sí, en África. Ya di mi donativo.
Tus hijos citadinos borran las estrellas.

II.
En el pecho cabe el valle sembrado.
En los ojos el azul del cielo.
En tus piernas el salto que te salva.
Pero un mal día despertar fue dormir
y viceversa.
Fue después de esa noche sin tiempo
—cuando eras como un pájaro
o como un lobo—.

III.
Y de pronto, en una noche horrible
en que tarda el sueño, piensas:
¿Cómo sería mi vida hace dos siglos?
¿Yo sería yo?
¿Y si se va la luz de aquí a fin de año?
¿Qué quiero hacer si mi gente no está?
¿Cómo se calma la angustia sin computadora?
¿Qué no compra el dinero
por el que alcanzo, dicen, la alegría?
¿Cómo serían mis hábitos si no tuviera
este miedo premiado?

IV.
Muy poco más.
Es mejor no pensar en estas cosas.
Tu pequeño destino, así, brillante,
enorme en el espejo solipsista,
no puede resistir a la intemperie.
Qué comezón de vida
bajo este traje astronauta
en tu propio planeta.


El bien inevitable

Noches inquisidoras, cuerpo roto,
un grito cráneo adentro,
madrugada trunca, ya levántate, mata
el sueño que por poco te formaba;
gasolinazo, bien los frenos, pésimo el volante,
congestión de cardúmenes en la vía rápida,
ausencia de un saludo deseable,
café instantáneo, insípido,
sí señor sí señor sí señor… sí (cretino) señor,
comida apresurada, chistes, veneno en carnaval,
todos los ismos de los civilizados;
y al final qué se hizo, en qué trabaja uno,
para qué sirve esto, miserable paga
aunque a veces sea buena, miserable al doble,
quién al lado de ella, quién en la tele,
quién detrás del espejo.
Ese sabor de fraude que no quita el dentífrico…
Rompe tu corazón, sácalo, inunda
con su sangre
el sucio callejón de tu ser laberíntico.
Allánate el abismo.
Altar antiguo, tú, sumo sacerdote,
aquí la llave, punta de obsidiana,
que corra lava en tus resecas venas,
incandescente lava,
lava el pasado, salva ese inconveniente del suicida:
padecer el frío.
Mata tu nombre, dale tu corazón al inocente,
siéntete amnésico,
reinventa, ángel caído, el bautizo del mundo.
Hay un bien, hay un bien
del todo inevitable: la vida.
Si contigo triunfaron los dueños del hastío,
dale una primavera al que eres en tu ausencia.
No pierdes nada si todo está perdido.


De silencios y niebla

Entre mi vida y yo
se levanta un espejo lamentable.
Niebla querría que fuera.
Pero soy yo, infranqueable,
como grito labrado en mi cabeza,
estéril y feroz.
No,
no lo quiero. A ti,
a ti te quiero, como noche primera.
Que no quede ninguna
partícula de horror
en esa imagen gris.
Pero soy yo en el agua,
e inevitablemente ondean mis ojos
en un estanque oscuro
donde sólo estoy yo
seducido en mis ecos.
Me miro en ti. No sé quién eres.
Te sobreviviré si no rompo el espejo.
Tal vez en sueños nos hemos encontrado.
Tal vez en besos.
O en ese instante que tú yo sabemos
porque no parecía
que fuéramos tú y yo bañados de espejismo.
En el aire más puro,
en cierta música,
en la mirada de los pájaros,
en la perplejidad que provoca el poema,
en el sensual lamento de unas manos,
en la lágrima triste del enfermo…
A veces es ahí.
Es neblina,
es la suerte bendita de romper el azogue.
Pero sólo el silencio horada la inmundicia.
Sólo el silencio, la oración horadada,
anula los espejos,
liberada
extensión infinita de ventana.
En el silencio
nos responden los muertos
al grito del dolor.
Si no fuera silencio,
sería un farsante
Dios.


(Regresa al Índice general)
Luis Ernesto González Soto

El azar de los hechos en ImagenTv

El azar de los hechos en Canal 11 Tv

Las teorías sobre arte son al arte
lo que un gato disecado al movimiento de un felino
Cosme Álvarez

Invitación

Los textos y las fotografías que aparecen en La Guarida están protegidos por la ley y no deben ser
reproducidos sin autorización previa del administrador de la página, o del titular de los copyright,
por lo que se sugiere que toda vez que se cite o se utilice alguna de las entradas se nos informe por
Primera época ≈ 1999 a 2007 ≈ Volumen 1. Números 1 al 5
Segunda época ≈ 2008 a junio de 2016 ≈ Volumen 2. Números 6 al 10
Tercera época ≈ 1 de julio de 2016 a 1 de julio de 2017 ≈ Volumen 3. Números 11 al 17